La casa del espejo



al otro lado de la pantalla, donde bien podría haber otra ventana (B, aka “La casa del espejo”) que nos mostrara a la que la muestra (A, aka “Flechas”), como un link que apunta a otro que a su vez lo apunta. (Si en lugar de un cruce de ventanas o links tuviéramos presuposiciones recíprocas de eventos –donde lo presupuesto presupone a lo que lo presupone–, tendríamos paradojas temporales, como la de la primera Terminator o la de la novela de James The sense of the past.)

3.2

Si la inmensa telaraña mundial no se protegiera de estos juegos, nos abismaríamos en una reproducción al infinito de cada ventana dentro de la otra, como ocurre con dos espejos enfrentados. Pero como la web se cura en salud, no se puede ver de nuevo la página A mostrada por la B mostrada por la A, ni la página B mostrada por la A mostrada por la B. Un vacío (una caja sin contenido ni scrolls) reemplaza a la imagen de sí que cada anfitrión debería encontrar en su huésped. O también: el anfitrión es ciego al espejo que le pone su huésped.
Por ejemplo: el agujero de abajo da a “Flechas”, donde otro agujero da a este sitio, “La casa del espejo”, pero que desde acá no se ve. Y si en vez de acá estás en (la página individual de) “Flechas”, éste es el sitio que no estás viendo ahí abajo. Y si lo estás viendo y no estás en (la página independiente) “La casa del espejo”, es porque estás leyendo el ensayo en la página compartida de algún listado: el de un tema u otro; el de la pila de ensayos; el de los que fueron publicados en el 2014 o, más específicamente, en febrero de 2014.
Esté vacía o llena, es hora de caer por la madriguera: