Prólogo



1. Un disfrazado

Desde que veía superhéroes por televisión, siempre fantaseé con inventar un personaje adoptando una identidad secreta que hiciera algo. La que elegí no hace mucho más que escribir. Es la misma afición ociosa que formaba parte del disfraz de cordero que usaba el Zorro para mimetizarse entre la gente. Completaban el disfraz una pusilanimidad asociada y una ineptitud acorde en la esgrima. Vistiendo la piel del zorro, Diego de la Vega liberaba su habilidad insuperada de espadachín y su audacia temeraria; en lugar de escribir poemas, componer canciones o leer libros, perpetraba hazañas justicieras que le ganaban el respeto, la admiración y el amor general de su pueblo y el particular de una que otra enamorada de lo caballeresco heroico, a la que debía renunciar.
Mi disfraz de Zambullista, mi identidad secreta que escribe, es un homenaje casual a esa identidad secreta inversa, de hombre de acción, que admiré por sus méritos y envidié por sus conquistas, las más altas y las más incompatibles a la vez (otras fantasías se encargarían de corregir ese poder de seducción tan grande como inaprovechable).

2. Las zambullidas

Esta es la segunda vez que uso como epígrafe y proveedor de un título la cita de Kafka.*
PD del 16-11-2013: Y en realidad “Zambullidas” fue el segundo título que tuvo esto; el primero fue “Pequeñas turbulencias”, que duró entre 20 y 40 días.
En la primera, hace ya tiempo, titulé una novela (abandonada en la segunda página) Una ciénaga infinita. Aun cuando sean breves las zambullidas y pequeñas y efímeras las turbulencias que provocan, el nuevo título y su firma celebran los ataques de entusiasmo, en lugar de entregarse a lamentar o a contemplar con fascinación melancólica la inmensidad y monotonía de la ciénaga.

Las desproporciones de espacio y de tiempo que hay entre la ciénaga y una zambullida se repiten unos 90 años después entre la red de redes y cualquiera de sus nudos. En uno de ellos, un disfrazado empieza su historia clásica de náufrago, casi totalmente escondido por la inmensidad ruidosa de la red.

Con Zambullidas, una zona de mi escritura pasa de lo privado de mis libretones a lo público de esta cartelera de trabajos, prendida las 24 horas como las cámaras del “Truman Show”.

Bienvenidos, y muchas gracias por visitar Zambullidas.


3. Sobre esto



Esto no es un blog

Por lo tanto, ni eso ni esto están en un blog.
La pirueta dialéctica tiene la apariencia de razón alocada de su emulada “Esto no es una pipa”. Pero apenas alcanza para introducir que este no es un blog... de los más comunes, de los que tienen rituales y funciones de medio de difusión (e intercambio) de opiniones, experiencias o comentarios personales, o que son espacios de promoción de una obra (no la obra misma, aunque eventualmente pueda ir independizándose de esa función inicial y termine siendo otra obra, y ya no o no sólo un soporte de la primera). Acá no se hace público nada de eso, sino ensayos con concepciones y ejecuciones similares, en los que el juego es razonar y argumentar, no opinar (ni informar ni expresar).
Zambullidas se suma sin ruido a esa clase de blogs cuyas entradas no tienen correlatividades temporales, como sí ocurre en los diarios personales que empezaron siendo estos sitios (“bitácoras”, se los intentó llamar por acá, sin éxito, contra el breve aunque inglés “blogs”). Por su formato de blog, Zambullidas es tan cronológico como los libretones en los que escribo a mano, encabezando cada “entrada” con fecha y hora, y a veces también con circunstancias (dónde, en medio de qué situación, en qué estado, en vinculación con qué o en referencia a qué, etc.). Pero acá las entradas pueden ser leídas en cualquier orden cronológico o en ninguno, sin que cambie cuánto se las entiende; eso no pasaría con las entradas de un diario.
Por estas diferencias de a qué y cómo se juega, Zambullidas, como otros blogs, es una obra en formato blog, más que un blog (y a diferencia de otros, es una –cuasi– obra completa en construcción, un work in progress hasta la Chacarita).

Más descarnadamente, esto es un objeto web interactivo, de acceso gratuito y amigable, con una dimensión textual, otra hipertextual, otra auditiva, otra visual, otra audiovisual, otra gráfica, y las combinaciones que se ensayen. No desdeño el objeto manual, pero la pila de impresos encuadernada que hace un libro sólo retendría la dimensión textual, con capacidad de indicaciones vinculantes, la dimensión gráfica del diseño y la visual de las ilustraciones. Torpemente se podría agregar (más que integrar) la dimensión auditiva, e incluso la audiovisual, por ejemplo con CDs o DVDs adjuntos al libro.
Pero un objeto con esas posibilidades de variedad y de complejidad de integración de signos, en red con otros objetos y abierto a la interacción con cualquier navegante, es más bien un espécimen de un solo tipo de hábitat: el de una terminal multimedia de la red (un celular, una tablet, una netbook, una notebook o una PC, por ejemplo). En definitiva, se trata de una creatura de Internet, se la acceda desde donde se la acceda. Incluso un DVD o CD ROM sería todavía un soporte insuficiente, porque ahí la obra estaría detenida y limitada, clausurada en el tiempo (ya no se la modifica, no se la actualiza) y en el espacio (no crece ni decrece; no ocupará más ni menos de lo que ocupe en el DVD o CD cerrado). Lo que obtendríamos con esa copia sería una instantánea de Zambullidas, de las que hay una por cada cambio.

Un libro tiene un momento de publicación y una o más ediciones, a veces modificadas. Una obra digital como Zambullidas, que es un objeto virtual, tiene tantas publicaciones como instancias de edición, ya sea del blog (creación o supresión de entradas, comentarios y temas; diseño del sitio; etc.) o de una de sus entradas (modificación de su contenido, de su título, de sus comentarios, de sus temas o de su diseño).
Para el que escribe, las letras en pantalla, infinitamente más maleables que las impresas, permiten los arrepentimientos que para un libro siempre llegan tarde. Para el que lee, el nuevo objeto no carga con el estigma de ser comparable a una pintura, porque tiene capacidad de responder y reaccionar, de interactuar y cambiar, de tener una vida (o, al menos, un historial propio de versiones detrás de la única visible, la actual).

Antes y fuera de Zambullidas, uno es el trabajo que hago en los libretones, de anotar ideas a mano alzada o improvisar una redacción en el mero registro mnemotécnico (los trances), y otro el que hago sobre un ensayo trabajado sesión tras sesión en un archivo de texto independiente, que empieza con ideas y argumentos muchas veces traídos de los libretones (las elaboraciones).
A partir de la publicación de un ensayo, Zambullidas se convierte en la superficie de trabajo (la “zona de derrumbes”) para las siguientes sesiones. La actividad suele ser intensa durante la primera semana (excepcionalmente, durante el primer mes) y esporádica después, pero la idea es que, mientras viva, todo ensayo pueda ser modificado en cualquier momento. Con esta práctica, la empatía con el Leonardo Favio del siguiente fragmento fue inmediata:

“Especial: Leonardo Favio”, de Canal Encuentro

En cada serie cronológica de entradas —en todo el blog o en cualquiera de sus temas— hay una historia silenciosa de motivos e intereses ocasionales por iniciar o retomar un ensayo en lugar de otro, de preferencias y estrategias de enganches y de maduración, cuelgues impulsivos, estímulos oportunos, es decir, una mezcla de voluntades y azares (como la de una vida de viajes), que le va dando un orden al trabajo de ponerme a pensar y a escribir. Contar esa historia excede los límites del espacio donde se desarrolla; si tuviera algún interés hacerlo, sería tarea para una bitácora de Zambullidas que discurriera en otro blog (y tal vez ni siquiera).

No puedo prever quién leerá Zambullidas. Pero sí preferir algunos de sus rasgos, especialmente uno, que también es un objetivo de mínima: su interés. Idealmente, escribo para alguien que lea los ensayos con una atención igual o mayor a la que tuve al escribirlos. Y es probable que esos dedicandos terminen siendo los únicos lectores interesados en volver (o sea, los únicos lectores). Será que además de profecías hay deseos autocumplidos.

Si a un porcentaje significativo de esos lectores interesados se le diera por interactuar conmigo y/o entre sí a través de los comentarios, Zambullidas pasaría de ser una cosa hecha por uno a ser una cosa hecha por varios; tomaría la forma de un racimo de debates. Y si un número significativo de esos debates colgantes dialogaran y linkearan también transversalmente, el objeto Zambullidas tomaría la forma de una enredadera (o de una cortina de rosarios enredados, todos con la primera cuenta pintada por el mismo tipo).

4. Estructuras y metáforas. Las razones de un menú

En Zambullidas, los ensayos se organizan en cuatro estructuras posibles: la de una pila, la de un mosaico, la de una tabla y la de dos listas no cronológicas, según el orden en que las dispuse en el menú superior (los otros dos botones son el de este Prólogo y el de Extras, otra lista no cronológica de escritos, pero laterales).
La estructura de pila es la que ofrece por defecto cualquier blog y la que decidí dejar, como todos, cuando opté entre ir agregando abajo (lista cronológica) o arriba (pila) los nuevos ensayos. De ahí que en la “Página principal” (o “Inicio” o “Home” o “Portada”, etc.) estén siempre los Últimos apilados y que la navegación comience (con la metáfora libresca y de flujo horizontal: “Página siguiente”) descendiendo en la pila (retrocediendo en la cronología de publicación).
Nacida de una primera edición sobre esta cronología, la pila es editable: con filtros, se la puede segmentar hasta la unidad o hacer otra entresacándole elementos. Por un lado, una “página” de blog puede mostrar una sección de la pila (sean o no vecinos cronológicos los ensayos que la integran: si lo son, la sección muestra los ensayos de un mismo mes o un mismo año; si no, los de un mismo tema, que sólo de casualidad serían contiguos). Por otro lado, puede mostrar una instancia singular del apilamiento (página individual de cada ensayo, y navegación igualmente de uno en uno en la pila). En Zambullidas, las secciones de pila simulan ser sumarios de revista o índices, en cualquier caso interactivos: muestran títulos con la posibilidad de desplegar los ensayos, replegados por defecto.
Pila y Mosaico son dos disposiciones espaciales de un mismo ordenamiento cronológico. La pila es una columna de ensayos individuales; el mosaico, una columna de hileras de ensayos, también ordenadas temporalmente de más a menos recientes, y espacialmente de izquierda a derecha (la dirección en que corre el hombrecito). Aunque sin la opción de expandir los ensayos, con el mosaico visualizamos un máximo de 40 por página, frente a los 5 de una sección o una selección apilada.
Ese rígido ordenamiento temporal pasa de ser el único que hay en pila y mosaico a ser uno entre otros en la tabla del Índice general (junto con su inverso y con un orden alfanumérico, también ascendente o descendente). Más aun, pasa a casi ni siquiera existir en las listas en que consisten los "libros" que componen Pequeñas turbulencias, donde los ensayos se ordenan artesanalmente. (El “casi” se debe a que también podrían hacerlo como en la pila y en el mosaico, incluso sin ninguno excluído; pero algo así sería una mera y extraordinaria coincidencia entre un historial despreocupado y una voluntad que no lo tiene en cuenta.)
Esta curaduría es la primera recomendación de recorrido (el primer itinerario) y es el primer recorrido no sujeto a la cronología de publicación (de menor a mayor antigüedad: la pila es una flecha del tiempo); es, por lo tanto, la primera vez que no se recorre o el apilamiento de ensayos o uno de sus subapilamientos según tema o calendario. La segunda y última vez es la otra obra en construcción que hay en Zambullidas: Archipiélagos. A ver si logro describir bien el ecosistema zambullista.
Zambullidas breves es el depósito de donde saco los microensayos que ensamblo para hacer ensayos que van a parar a Zambullidas, que es el depósito de donde saco los ensayos con que hago los libros de Pequeñas turbulencias y las partes de Archipiélagos (libro integrado sólo por ensayos hechos de microensayos).
En Zambullidas breves se apilan microensayos como en la “Zona de derrumbes” de Zambullidas se apilan ensayos (de los hechos de microensayos y de los otros). En cambio, en Archipiélagos y en Pequeñas turbulencias los ensayos no se apilan: el lugar que ocupan es una decisión de alguien que compone algo con algún criterio, como el curador de una galería.



el Zambullista