Entusiasmos V (Leopardos en el templo)



          Leopardos irrumpen en el templo y beben y beben hasta el fondo lo que contienen los cántaros sacrificiales; esto se repite una y otra vez; por último, puede ser calculado con anticipación y se transforma en una parte de la ceremonia.

          Franz Kafka, “Leopardos en el templo” (Parábolas y paradojas, pág. 62)

En el quinto aniversario, comparemos el epígrafe de toda la colección con el de esta pieza.
En las razones de su elección, el nombre de la cosa, Zambullidas, habla de estados excepcionales (nada más que sinónimos o resultados de hechos de excepción, que eso se supone que es cada ensayo, cada zambullida). En cambio, el epígrafe general de donde sale el nombre habla más de la asimilación de los ataques de entusiasmo y del fin de un estado de excepción que de los ataques de entusiasmo y de un estado de excepción; más de la extinción de la excepcionalidad que de la excepcionalidad misma en su plenitud o en su ascenso. Algo similar a esto último sucede con el nuevo epígrafe de Kafka. A las irrupciones sacrílegas felinas y a los ataques de entusiasmo batracios se los ve desde el momento y la perspectiva de la ritualidad y de la imperturbabilidad reestablecidas; ambos relatos narran una restauración.
Relativicemos. Es cierto que el producir una pequeña turbulencia y desaparecer es ser una novedad asimilada, una excepción absorbida, como la irrupción de leopardos en el templo. Pero mientras la ceremonia, que incorpora un rito nuevo, no es la misma que antes (aun si lo parece), la ciénaga infinita, que recupera la lisitud brevemente interrumpida, vuelve a ser la que era (o a parecerlo con más fuerza y convicción que la ceremonia, que antes no tenía leopardos bebedores y ahora sí).
Otra diferencia, y tal vez más decisiva, es que mientras un ataque de entusiasmo –de esos que suceden «a veces»– no «puede ser calculado con anticipación», una irrupción de leopardos, sí (predictibilidad que la transforma en «una parte de la ceremonia»). Entusiasmo que se ritualiza se lo lleva la corriente. Será una excepción destinada a ser reabsorbida por la ciénaga infinita, pero antes es una excepción imprevisible.

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