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ensayos
| + | Identificación maradoniana (Diálogo V) |

| + | Contradicciones fugaces y perpetuas |
| + | Azar y sentido (Collage II) |



Si dejo caer una copa de vino al suelo y observo cómo se hace añicos, estoy contemplando un caso de aumento de entropía. La rotura de la copa es uno de los procesos irreversibles que rige la flecha del tiempo de la termodinámica. Señalo, de paso, que éste es un caso en el que la definición de la entropía que se basa en la noción de desorden resulta más útil que la que lo hace en la noción de desequilibrio. Al romperse la copa, un estado de desorden sustituye al de orden.
De existir una fluctuación estadística de suficiente magnitud, cabe imaginar que se recomponen los trozos de cristal, y que la copa vuelve a mi mano. No hay motivo fundamental alguno para que esto no ocurra, si se espera el tiempo necesario. Las fluctuaciones estadísticas pueden hacer que las moléculas de aire contenidas en la habitación se muevan exactamente de la forma adecuada para que los trozos de cristal se junten de nuevo. A su vez, otras fluctuaciones pueden crear unos breves aumentos de temperatura en los cantos rotos, de tal forma que se suelden, reconstituyéndose así la copa. Y una última fluctuación habrá creado tal corriente de aire debajo de ésta, ya entera, que la ha empujado hacia arriba.
Según las leyes de estadística, esta secuencia de acontecimientos es posible, aunque realmente poco probable. Sería muy difícil calcular exactamente su índice de probabilidad, que debe ser del orden de una de 101025. [...] Es un número tan grande que si se escribiera entero, llenaría más páginas que las de todos los libros jamás publicados. Y aunque los diferentes países del mundo siguieran publicando a su ritmo actual durante 10.000 millones de años, aún faltarían libros para contener todos los dígitos de que se compone. Es como si las leyes de la estadística nos dijeran: «Los milagros sí son posibles, pero la probabilidad de que ocurran es tan remota que equivale prácticamente a cero».
Richard Morris, Las flechas del tiempo, Salvat, Barcelona, 1987. Páginas 122 y 123.
En The sense of the past, el nexo entre lo real y lo imaginativo (entre la actualidad y el pasado) [...] es un retrato que data del siglo XVIII y que misteriosamente representa al protagonista. Éste, fascinado por esa tela, consigue trasladarse a la fecha en que la ejecutaron. Entre las personas que encuentra, figura, necesariamente, el pintor; éste lo pinta con temor y con aversión, pues intuye algo desacostumbrado y anómalo en esas facciones futuras... James crea, así, un incomparable regressus in infinitum, ya que su héroe, Ralph Pendrel, se traslada al siglo XVIII porque lo fascina un viejo retrato, pero ese retrato requiere, para existir, que Pendrel se haya trasladado al siglo XVIII. La causa es posterior al efecto, el motivo del viaje es una de las consecuencias del viaje.
Jorge Luis Borges, “La flor de Coleridge”, en Otras inquisiciones.

Si se pregunta a un químico por qué la leña o el carbón arden únicamente a elevada temperatura, contestará que la combinación del carbono y el oxígeno tiene lugar a cualquier temperatura, pero que cuando ésta es baja, dicho proceso transcurre con excesiva lentitud (es decir, en la reacción toma parte un número insignificante de moléculas), y por ello escapa a nuestra observación. La ley que rige la velocidad de las reacciones químicas enseña que al descender la temperatura en 10º, la velocidad de la reacción (el número de moléculas que toma parte en ella) se reduce a la mitad.
Apliquemos dicha ley a la reacción que se produce al oxigenarse la madera, esto es, al proceso de combustión de la madera. Supongamos que un gramo de madera sometido a una temperatura de 600º se consume en un segundo. ¿Cuánto tardará en consumirse 1 gramo de leña a la temperatura de 20º? [...] ¡Diez mil millones de años! Este es aproximadamente el tiempo que tardaría en consumirse un gramo de madera sin llama ni calor.
Así, pues, la madera y el carbón arden a la temperatura ordinaria, sin encenderlos. La invención de instrumentos para obtener el fuego aceleró este proceso, de enorme lentitud, en miles de millones de veces.
Y. Perelman, Álgebra recreativa, Editorial Mir, Moscú, 1975; páginas 10 y 11.
| + | Un experimento con Funes |
Invisibles y distinguibles
La no visibilidad de X es un efecto final en común que en el código de una página web tienen las instrucciones“No cargue X” y“No muestre X”. Pero las acciones que cumplen esas instrucciones, una condicionando a X para que no se cargue en determinadas páginas o en todas y la otra cargándolo y ocultándolo, difieren en la velocidad de carga.
Terminadas las cargas en el ranking que fuere, sus efectos no difieren en el grado de visibilidad en que han dejado a X (nulo en ambos), lo que es su presente, sino en el modo de haberlo alcanzado, que es historia.
Velocidad de carga y método de invisibilidad: cualquiera de estas dos diferencias es suficiente para distinguir uno y otro efecto (siquiera a partir de sus acciones) y terminar prefiriendo alguno.
| + | Murmullo |

Mahoma yendo a la montaña es la búsqueda de un objeto real; en la de uno virtual, un buscador le trae la montaña a Mahoma luego de un click.
— el Zambullista (@Zambullista) 17 de septiembre de 2016
X está de merecidas vacaciones, así que llamé a Mahoma. Pero la montaña es tan grande que es cosa y lugar. Mi unicornio azul lo haría mejor.
— el Zambullista (@Zambullista) 17 de septiembre de 2016
Allá abajo andan siendo onda y partícula. Para no ser menos, acá la montaña alterna entre ser lugar (la visitan) y ser objeto (visita ella).
— el Zambullista (@Zambullista) 17 de septiembre de 2016
• La letra en el telar
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