La pareja ideal



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Los Simpson, “¿Y dónde está el inmigrante?”
Temporada 7, episodio 23.

Con alta probabilidad de tener la puntería del profesor John Frink/Juan Brinco, pronostico que en 100 años los clubes sexuales van a ser tan aceptables socialmente como hoy son los gimnasios. Y probablemente usen parientes remotas de la Frinkiac 7 para emparejar amantes lo mejor posible.
Dejemos de lado si “combinaciones tan perfectas (...) eliminarían la emoción de la conquista romántica”. Me interesa qué podría incluir esa perfección. ¿Qué tan complementarios deben ser –o qué tan complementados pueden estar– los términos de una pareja perfecta? Por pareja perfecta (extensible a trío perfecto, cuarteto perfecto, etc.) me refiero a una donde cada cual recibe su máximo de satisfacción posible.


Pero la cosa puede ser más complicada, si nadie es tan rígido como para tener un solo ranking de preferencias para cualquier momento y circunstancia y durante toda su vida. Si además de salir en la foto quiere protagonizar la película, a la complementariedad no le alcanza con ser absoluta a lo largo de toda la lista de gustos; también tendrá que conservarse a lo largo de toda la historia de la pareja: o los cambios de preferencias se sincronizan o X y Z dejan de ser la pareja perfecta.
Y todavía hay otras cuestiones en las que deben coincidir. Por ejemplo, en la estrategia amatoria: no sea cosa que a X le guste ir de menor a mayor en sus gustos y a Z al revés o alternando o repitiendo o cualquier figura que dibujen sus elecciones coreográficas. Otro ejemplo: también deben coincidir en las preferencias de en qué estado hacer qué.


En la feria de escalas de valores uno puede elegir las suyas para armar su cordillera, por cuyos picos discurre el ideal de esa pareja de mutuo colmamiento. En el juego perfecto de Pacman que hizo Bill Mitchell ocurre lo mismo: la perfección consiste en transitar siempre por los valores más altos, en mantener un promedio de 10 sobre 10.


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