Supongamos que tengo un aparato con seis botones. Los botones 1, 2, 5 y 6 no vienen al caso. El botón 3 dice que el oprimirlo destruirá el aparato; el botón 4 dice que el oprimirlo revocará la acción del botón 3.
Si se trata específicamente de la acción de destruir el aparato, el botón 4 asumió una misión que luce imposible. Si no importa de qué acción se trate (inacciones y omisiones, abstenerse), tal vez la que eligió el botón 3 fue la mejor que encontró en respuesta al bloqueo impuesto por el botón 4. Y no la mejor para escapar muriendo, sino para morir venciendo. ¿Cómo?
Veámoslo como un duelo. B4, el retador, dice que revocará cualquier acción de B3. Si B3 apaga el aparato, B4 lo prenderá; si eleva el volumen, B4 lo bajará; si abre una tapa, B4 la cerrará; etc. Cansado de sufrir tantas reversiones, B3 elige una acción que tiene altas chances, si no necesidad lógica, de resultarle irreversible a B4.
Nadie impugnaría por imposibles o absurdas las otras "revocaciones",* como las que desapagaron el aparato, deselevaron el volumen o desabrieron una tapa. Pero revocar la destrucción del aparato y sus botones, incluyendo al revocador, ya es otra cosa.
* ¿Por qué las comillas? En sentido estricto, prender el aparato, bajar su volumen o cerrarle una tapa son acciones contrarias a apagarlo, subirle el volumen o abrirle una tapa, no sus respectivas revocaciones. Pero podemos llamarlas así en sentido figurado (o si se aplican a eventos simbólicos, no físicos). La sucesión de tres estados (encendido, apagado, encendido, por ejemplo) crea la ilusión de reversión, como la sucesión rápida de imágenes estáticas crea la ilusión de movimiento. (Las ilusiones se parecen a hacer algo con nada.)
B4 no pudo haber sido mejor desafiado. Por un lado, imagino a B3, de contrataque, rematando la comunicación de la acción elegida con un “¡Revocame esta!”.
2.
Por otro lado, me hace acordar a Homero retando a Lisa por su máquina de movimiento perpetuo (T6E21):
Toma 1. La segunda ley de la termodinámica, que hace físicamente imposible una máquina de movimiento perpetuo, tiene que ver también con la irreversibilidad habitual de los eventos físicos, como la destrucción de un aparato. ¿Por qué «habitual»? Porque lo que hay con esos eventos, en rigor, es una altísima probabilidad de irreversibilidad, no una necesariedad. Esto la vuelve una imposibilidad más débil que la de un móvil perpetuo, que no tiene un caso remoto existoso, sino ninguno, nunca: no tiene porque no puede tener porque con la segunda ley de la termodinámica no se jode. Toma 2. Dentro de nuestras leyes físicas, no importa cuánto tiempo puedas esperar la creación de un móvil perpetuo: nunca sucederá; es un objeto imposible. En cambio, por nuestras «leyes de estadística», si esperás lo suficiente alguna vez sucederá la restauración "espontánea" de un artefacto destruido o de una copa de vino que se hizo añicos contra el suelo. Así lo argumenta Richard Morris en esta cita, que traigo de la sección 3 de “Azar y sentido (Collage II)”:
«Si dejo caer una copa de vino al suelo y observo cómo se hace añicos, estoy contemplando un caso de aumento de entropía. La rotura de la copa es uno de los procesos irreversibles que rige la flecha del tiempo de la termodinámica. Señalo, de paso, que éste es un caso en el que la definición de la entropía que se basa en la noción de desorden resulta más útil que la que lo hace en la noción de desequilibrio. Al romperse la copa, un estado de desorden sustituye al de orden. De existir una fluctuación estadística de suficiente magnitud, cabe imaginar que se recomponen los trozos de cristal, y que la copa vuelve a mi mano. No hay motivo fundamental alguno para que esto no ocurra, si se espera el tiempo necesario. Las fluctuaciones estadísticas pueden hacer que las moléculas de aire contenidas en la habitación se muevan exactamente de la forma adecuada para que los trozos de cristal se junten de nuevo. A su vez, otras fluctuaciones pueden crear unos breves aumentos de temperatura en los cantos rotos, de tal forma que se suelden, reconstituyéndose así la copa. Y una última fluctuación habrá creado tal corriente de aire debajo de ésta, ya entera, que la ha empujado hacia arriba. Según las leyes de estadística, esta secuencia de acontecimientos es posible, aunque realmente poco probable. Sería muy difícil calcular exactamente su índice de probabilidad, que debe ser del orden de una de 101025. [...] Es un número tan grande que si se escribiera entero, llenaría más páginas que las de todos los libros jamás publicados. Y aunque los diferentes países del mundo siguieran publicando a su ritmo actual durante 10.000 millones de años, aún faltarían libros para contener todos los dígitos de que se compone. Es como si las leyes de la estadística nos dijeran: «Los milagros sí son posibles, pero la probabilidad de que ocurran es tan remota que equivale prácticamente a cero».
Richard Morris, Las flechas del tiempo, Salvat, Barcelona, 1987. Páginas 122 y 123.
En definitiva, que se revierta la destrucción del aparato es improbabilísimo, pero no imposible (o es posible, pero improbabilísimo; depende qué expectativas te frustre el «pero», que para eso existe). Tan o más difícil es lograr esa reversión, conseguirla en vez de atestiguarla. Es lo que promete el botón 4, que no dice que la acción del 3 se revertirá sola, sino que él la revertirá. Y esto es todavía más difícil que lograr la reversión no siendo el botón 4 (siendo Dios o un mago, por ejemplo). ¿Por qué? Encima que la respuesta es obvia, la voy a dar con dos tomas.
Toma 1
Apretado el botón 3, el 4 sólo podría disponer de su poder revocatorio una vez revocada su propia destrucción, ya sea por obra y gracia de una magia, de una ♪♫intervención divina♫♪, o de una improbabilísima conjunción de oportunísimas «fluctuaciones estadísticas» (la entropía está sorpresa).
Como sea, para el botón 4 ya sería tarde, aun si cualquiera de estas cosas ocurriera de inmediato.
Toma 2
Si luego de apretar el botón 3 el aparato se hizo añicos, aún no se puede apretar el botón 4; para volver a tenerlo disponible, hay que esperar el milagro probabilístico de que el aparato se restaure solo o el milagro de una revocación providencial.
Como sea, el botón 4 recién puede cumplir su misión cuando ya no es necesaria. Cuando pueda hacerla, la tarea ya habrá sido hecha sin sus servicios.
Digamos lo obvio, parte 2: la raíz de este sinsentido es que el botón 4 está en el mismo aparato que el 3. Si estuviera en otro, su poder de revocar desde ahí la destrucción del primero sería una mera cuestión de fe, como con cualquier otro poder sobrenatural y sus milagros. Pero al estar en el mismo aparato, antes de llegar a la fe hay que ignorar o negar la lógica, que se resiste a aceptar que se pueda apretar (y con éxito) el botón de un aparato hecho añicos.
Para los creyentes más audaces, el botón 4 desbloquea un nivel superior de fe. Para otros creyentes, eso ya no es fe, que puede ser ciega pero no ilógica.
A esta altura del debate, la fe ya está añorando la época en que sólo tenía que mover montañas.
O tal vez es una fe más meritoria, contestan los supercreyentes: es mucho más fácil creer que una voluntad divina o una varita mágica revocará la destrucción del aparato que creer que lo hará uno de sus botones. Cualquiera puede aceptar un milagro no ilógico; uno ilógico, pocos.
3.
Los creyentes de revocaciones más clásicas responden con un consejo de estrategia. Para poder disimular ese sinsentido que vino de fábrica, el botón 4 debe ser opacamente prodigioso. De algún modo que no nos ha sido revelado ni podemos definir, el botón 4 revoca la destrucción del aparato y la suya en el mismo acto, no en dos momentos (uno externo y habilitante, el otro interno y tardío), como pudieron dar a entender las últimas dos tomas.
El disimulo puede incluir afianzar lo que no se aflojó denunciando un sinsentido en una negación que nadie hizo; por ejemplo, afirmando con tu tono más intransigente que botones sin su aparato y aparato sin sus botones son las dos caras de un mismo absurdo disfuncional (como si alguno no lo fuera). Es cierto, pero el punto era si un botón del aparato destruido puede restaurarlo; no te faltó razón, te faltó puntería.
Como sea, una vez aceptado el misterio del aniquilado aniquilador de la aniquilación, si el artefacto recuperó su integridad pudo haber sido gracias a una acción hecha desde afuera, por una divinidad o por una probabilidad «tan remota que equivale prácticamente a cero», o desde adentro, por el botón 4, aunque eso nos parezca tan o más difícil que inflar un globo soplando desde adentro.
Probemos con dividir las restauraciones entre las que tienen un agente que acciona el botón 4 y las que no, como las producidas por fluctuaciones estadísticas. Éstas ocupan un nodo en la red conceptual de las restauraciones formulables, pero el ensayo mira la red desde otro nodo, uno –tal vez imposible– donde alguien tocará un botón desdestructor del aparato recién destruido por la acción de otro botón, tocado por la misma persona o por otra (la agencia admite cualquier identidad humana).
El botón 4 no predice una revocación, que encima debe ser inmediata o poco demorada (para mayor improbabilidad de algo ya improbabilísimo); la ofrece: es un instrumento real ofreciéndose a un agente eventual. Por respeto a una tradición de diecisiete años y dos hitos (uno consumado y el otro consumándose), voy a seguir jugando a que el instrumento es agente y aprovechar para meterlo en una tradición de resurrecciones.
La del botón 4 se parece más a la de Dioniso, que había sido destrozado y devorado por los titanes, que a la de Jesús, que había quedado con algunas cicatrices tangibles pero con su cuerpo entero. Pero el niño Dioniso no se autorresucitó, como el botón 4, ni fue resucitado por uno de sus trozos, como el aparato, sino por Atenea. Así que en esto el botón 4 se parece más a Jesús, que resucitó (sin que nadie lo resucitara), y en todo caso se resucitó a sí mismo (si lo resucitó Dios y él es Dios, para no enredarnos con la Santísima Trinidad).
Preguntémonos lo obvio: si el botón 4 fue destruido junto con el aparato, ¿cómo pudo haberlo restaurado? Ni idea, él sabrá, y quien quiera creer, que crea. Y ya lanzados a creer, no faltarán los supercreyentes que se salgan del juego y razonen que, si cada botón debe ser presionado para surtir efecto, el botón 4 que está «dormido en el discurso de sus destrucciones» no puede ser presionado por un dedo humano, tan realista y material, sino sólo por uno mágico o divino. O por el de cualquier habitante del más-allá-de-la-física que se haya topado con el alma del aparato y haya decidido devolverlo al más acá. (Pasó San Agustín y dijo que era un montón.)
4.
Volvamos al duelo. Con la misma esperanza de terminar con la revocación diaria de todos sus actos y hechos, Phil intenta salir del Día de la Marmota suicidándose, pero sin el éxito que B3 espera tener con su inmolación.
El despertar lo convence de que su destrucción es tan revocable como la de un lápiz o un radiodespertador. Lo que a cualquier mortal lo sacaría de la vida, a él lo saca del día, que reinicia. Los otros 3 suicidios no tienen la esperanza del 1º; son iguales a dormirse temprano. pic.twitter.com/fZF4kHkUlh
Si B4 no llega a arreglárselas para revertir la destrucción que lo incluye, B3 le habrá ganado el duelo: habrá conseguido que no le pueda revocar todas las acciones.
Quienes se llevan una victoria pírrica son sobrevivientes muy perjudicados por la guerra o batalla recién terminada; no es el caso del botón 3, que se consagraría ganador post mortem, desde que se dejase de esperar la reversión prometida por el botón 4. Recién con su destrucción compartida B3 ganaría un grado de libertad no amenazada. Esta vez lo suyo sería despedida y debut (ella tan prematura, él tan póstumo).
Algunos se dejan caer de espaldas confiando en que los van a agarrar a tiempo para devolverles el equilibrio sacrificado. Si, en vez de un duelo, lo de B3 y B4 fuese uno de estos ejercicios, B3 estaría dispuesto a matarse confiando en que B4 lo resucitaría. Superame esa confianza (en algunas sectas la han igualado). Su traición es proporcionalmente insuperable: cuando se deja de esperar la reversión prometida, para B3 se consuma la mayor defraudación posible (o la de daño más “permanente”), además de la victoria más pírrica (la de un no sobreviviente). Toma 1. ¿Cuánto tiempo hay que esperar la reversión? Depende. Si el botón 4 promete una revocación inmediata, cumple o incumple rápido; si promete una finitamente mediata, cumple antes e inclumple después de esa finitud paciente (a impacientes se dirige la frase «Lo imposible sólo tarda más»); y si promete una revocación infinitamente mediata, no cumple ni incumple nunca.
Subtoma 1. No son posibilidades equiprobables, si hablamos de un botón a presionar, y no de una carta que un mensajero debe entregarle al ejecutor de la revocación, y menos de una botella al mar que debe llegarle, con buena suerte y viento a favor.
Lo más probable es que, de ser posible apretar el botón 4 destruido, esperemos una restauración inmediata del artefacto, tan inmediata como la acción de cualquier otro botón.
Toma 2. Superada una espera, a un evento físico se lo declara irreversible. Un evento absolutamente irreversible tendría una espera insuperable; o sea, habría que esperar una eternidad su reversión. Pero si las «leyes de estadística» prevén un caso exitoso antes de la eternidad, se trata de una irreversibilidad relativa (a la paciencia superada), por alta que sea su probabilidad (si fuera del 100%, no sería relativa, sino absoluta, y la espera del cisne negro sería eterna).
Subtoma 2. Normalmente, para el botón de un aparato una respuesta menos que inmediata ya vendría con delay. Y si el silencio persistiera, pensaríamos que el botón no funciona.
Algunas demoras pueden tener una justificación programática. Por ejemplo, el botón 3 puede tener un temporizador para que te alejes del radio de destrucción ni bien lo presiones (si fuera alguien, el botón 4 te envidiaría la movilidad).
5.
Apretando primero el botón 4 no pasa nada, porque no tiene sentido: no puede haber revocación de la destrucción si no hubo destrucción; no hay nada que revocar. Si fuera el botón Deshacer de un programa (como el Kate), estaría en gris e inactivo: imposible deshacer sin haber hecho un cambio que se pueda deshacer (y luego rehacer, que es deshacer el deshacer).
Obviando lo cromático, una indicación de inactividad equivalente para el botón 4 sería que estuviera trabado mientras no tenga sentido apretarlo y destrabado cuando sí, luego de su destrucción (?). Cuando lo podés tocar no hace nada y cuando debería hacer algo no lo podés tocar.
No sé en el más allá, pero nunca nadie del más acá vería destrabado al botón 4, tenga o no el poder de revocar su final: si lo tiene, porque al restaurar el aparato volvió a su estado de botón trabado; si no lo tiene, porque o bien ya no existe el botón 4 (se accionó el 3) o bien todavía no tiene sentido apretarlo (no se accionó el 3).
Recapitulemos. Si en verdad el botón 4 tiene ese poder, esta puede ser la n-ésima vez que se van a apretar los botones 3 y 4. Algunos creyentes del poder del botón 4 suelen invertir el razonamiento: la prueba de que tiene ese poder es que el aparato está ahí, recién revertido de una conflagración. (En el relato “El informe de Brodie”, de Borges, como prueba del poder de convertir hombres en hormigas que tenían sus hechiceros, un yahoo le señaló un hormiguero al misionero escosés David Brodie.)
Si el 4 no tiene ese poder pero el 3 sí tiene el suyo, los dos botones necesariamente están esperando su debut. Para el botón 3 esta vez sería debut y despedida (al revés del botón 4, si tiene ese poder; si no lo tiene, será sólo despedida). Si tampoco tiene el botón 3 ningún poder de destrucción, mientras no se sepa, su farsa encubre o acompaña la del botón 4, que nunca se verá en la necesidad de probar que puede lo que no puede. Y si el botón 3 tiene ese poder (nada muy difícil: es simplemente fabricar un explosivo con un detonador), el botón 4 tendrá la ocasión (la obligación) de hacer una demostración de su poder. (Pasó el ave fénix y dijo que era un montón.)
6.
A cualquiera le aceptarían su defunción como justificativo por haber incumplido un compromiso o un deber; al botón 4, no. Mal puede excusarse en haber sufrido una destrucción que ya estaba contemplada en la misión misma, justamente en calidad de objeto de la revocación prometida, que incluye su resurrección. ¿Cumplirá su promesa?
El sentido común dice que el botón 4 no estará ahí cuando se lo necesite. Eso a un tipo de fe, un tetrabotonista fiel, no lo convence ni disuade, y resuelve confiar en que el botón 4 sabrá arreglárselas, que por qué iba a haber hablado, si no. No obstante, tal vez prefiere no poner a prueba su fe ni arriesgarse innecesariamente apretando el botón 3 del valiosísimo aparato (rompe paga). Pero un fanático del tetrabotonismo podría pasar de la subestimación pasiva del poder del botón 3 a desear apretarlo, para probarles de una vez por todas a los incrédulos que el botón 4 no promete en falso.
Ahí está el aparato, entero: o todavía no actuó el fanático o ya actuó al menos una vez, y quizás muchas. El botón 4 puede no haber debutado, puede haber sólo debutado, puede ser ya un experto o puede estar en vías de serlo. O su acción puede no ser posible. 7.
Ahora sí viene al caso el botón 2, que dice que el oprimirlo prevendrá la acción del botón 3 (el mismo dibujo de un Anulo mufa). Los botones 1, 5 y 6 siguen sin venir al caso.
En un mundo de eventos físicos irreversibles, es más realista querer prevenir la destrucción del aparato (llegar antes) que querer revocarla (llegar después). La acción del botón 2 va en el mismo sentido que la flecha del tiempo; la del botón 4, en sentido opuesto. Lo suyo es como revertir la corriente del río del tiempo, como pasa al inicio de Memento. (Pasó un salmón y dijo que era un montón.)
Con el trío que vino al caso, lo que tenemos ahora es un juego epidemiológico con roles paralelos –otra vez– a los del Mafia: el botón 3 es la enfermedad (el ladrón que quiere matar a A. Parato), el botón 2 es la vacuna (el policía que quiere evitarlo), y el botón 4 es un antídoto o remedio (el médico que puede salvarlo).
Acá el médico tiene un rol restaurador; la otra vez tuvo un rol preventivo:
X te vende un detector de una enfermedad que inventa y un amuleto que te protege de contraerla. Si no supiéramos eso, para el silencio del detector serían indistinguibles la razón de un amuleto infalible y la razón de un detector, un protector y un dañador falsos.
Son los cuatro roles básicos del Mafia (sacando a Dios, que sólo dirige y relata): el ladrón (la enfermedad) que intentará matar a alguien (a vos); el policía que intentará evitarlo descubriendo al ladrón (el detector); y el médico que intentará evitarlo salvándote (el amuleto).
Habrá quienes piensen que el botón 4 se creó como refuerzo del 2, para relevarlo si la prevención fallaba. Y habrá quienes piensen que el botón 2 se creó para hacer innecesario un imposible, que es una manera de evitarlo. El imposible que le encajaron al botón 4 consiste en desdestruirse desdestruyendo el aparato, del que vuelve a ser parte junto al destructor y otros cuatro. Su consuelo es que en dos de las tres aperturas que vienen al caso queda exento de cumplir su promesa incumplible.
El orden de los botones altera el producto. Al menos los de esta mitad, porque 1, 5 y 6 siguen sin venir al caso. Repasemos las aperturas posibles y sus consecuencias necesarias. Si se presiona primero el botón 4, no pasa nada (porque no habrá pasado nada, por lo que no habrá nada para revocar). Si se presiona primero el botón 2, no habrá posibilidad de destrucción del aparato ni, por lo tanto, necesidad de restaurarlo; si se presiona primero el botón 3, sí.
~Elige tu propia apertura.
–¿Y después? ¿Cómo sigo?
~Seguí la flecha.
–¿Así vamos a terminar?
~Fue lindo mientras duró.
§ 10.1Indicativo 1, la modalidad conjetural o concesiva
Rojo y Veiga llaman indicativo 0 y subjuntivo 0 a los «usos rectos» de los tiempos verbales indicativos y subjuntivos, que son los únicos usos que hemos visto hasta ahora. Esos ceros sugieren que puede haber unos, doses, treses... Es cierto, pero es un indicio repetido. Porque si hay «usos rectos», es que hay «usos no rectos», que Rojo y Veiga engloban bajo la metáfora traumatológica de «dislocados» y que serán el tema nuevo y recapitulador de este capítulo § 10.
De la metáfora ingenieril de Bello puede inferirse algo parecido: si hay un «significado fundamental» de los tiempos verbales, es que hay también otro u otros no fundamentales, que él divide en secundarios y metafóricos. Y si directamente leemos a Bello, ni siquiera necesitaremos arriesgar una inferencia:
«620 (b). Antes de todo se debe advertir que cada forma del verbo suele tener, además de su valor propio y fundamental, otros diferentes en que se convierte el primero según ciertas reglas generales. Distinguimos, pues, en las formas del verbo un significado fundamental de que se derivan otros dos, el secundario y el metafórico.»
No voy a seguir a Bello en su clasificación de los significados no fundamentales; voy a seguir a Rojo y Veiga en su clasificación de los usos no rectos. Se trata de 4 formas verbales indicativas y 2 subjuntivas. De hecho, si sirviera de algo, los tiempos podrían dividirse en dislocables (4 + 2 = 6) y no dislocables (8 en total: 10 – 4 = 6 indicativos y 4 – 2 = 2 subjuntivos –sin contar a "cantare" y "hubiere cantado").
Usar de una manera temporalmente no recta una forma verbal es usarla para identificar una relación temporal distinta a la que venía identificando / significando / señalando. (Como diría Bello sobre otro tema, «sólo parece haber una excepción, que señalaremos después».) Por ejemplo, si me preguntan la hora y no tengo dónde mirarla, puedo conjeturar (por las razones que sean): “Ahora serán las 9 ó 9 y cuarto”.
¿Pero no es confuso usar un Futuro tanto para esta conjetura como para la afirmación “En 10 minutos serán / van a ser las 9”? No, porque precisamente junto con la temporalidad de lo dicho cambia la modalidad del decir; en este caso, de aseverativa a conjetural o, según Rojo y Veiga, de indicativo 0 a indicativo 1. En la afirmación, «serán» [Ind 0, PH] es un futuro –tenido por– real; en la conjetura, es un presente conjetural [Ind 1.1, SH].
Para ver el mismo cambio de temporalidad respecto de AH (es decir, el desplazamiento de PAH a SAH), alcanza con recurrir al estilo indirecto:
en “Dijo [AH] que en 10 minutos serían / iban a ser las 9”, el Pos-pretérito «serían» identifica un vector pos-pretérito [Ind 0, PAH];
en “Dijo [AH] que en ese momento serían las 9 ó 9 y cuarto”, el Pos-pretérito «serían» (la perífrasis “iban a ser” ya no es una alternativa) identifica un vector co-pretérito [Ind 1, SAH].
Graficando se entiende la gente:
En el diagrama, la temporalidad sigue siendo cromática y la modalidad es, como el modo verbal, un tipo de trazo diferente en la flecha:
• trazo continuo para el indicativo 0, como venía siendo sin que lo llamáramos así, sino «significado fundamental» o «uso recto» de las formas indicativas; • trazo discontinuo de puntos para el indicativo 1, la modalidad conjetural (“A esta hora María ya estará en la cama; mejor llamala mañana” / “Tendría 13 o 14 meses cuando aprendí a caminar”) o concesiva (título de una obra teatral de Linda Peretz: “No seré feliz... pero tengo marido” / “Su potencial sería enorme, como afirmaba la prensa, pero nunca lo desarrolló”).
La otra dupla de tiempos verbales primos / tonos claros que hay en indicativo 1 es la del Ante-futuro (o Futuro Compuesto/Perfecto: "habré cantado") y el Ante-pos-pretérito (o Condicional Compuesto/Perfecto: "habría cantado"). Así como las formas simples dan los vectores co del indicativo 1 (un presente y un co-pretérito conjeturales o concesivos), las formas compuestas dan los ante:
un pretérito conjetural (“No contesta; habrá silenciado el celular”) o concesivo (“Habrá cumplido los 40, como decís, pero parece mucho más joven”)
y un ante-pretérito conjetural (“Hasta que se largó a llover y tomamos un taxi, habríamos caminado unas 6 o 7 cuadras”) o concesivo (“Yo ya habría visitado ese parque 3 veces, como decís, pero para mí esa era la primera”).
§ 10.1.1Conjeturas y concesiones sobre el perro y la zorra
Para juntar todo en un solo ejemplo, y para continuar una saga, vuelvo a la persecución insoluble de un perro infalible sobre una zorra inatrapable, que narré en § 6.1 y comenté una primera vez en § 8.8:
Con cinco minutos de persecución vana, ¿ya sabrá[Ind 1.1, SH] el perro que nunca podrá [Ind 0, PSH] atrapar a la zorra? Porque será[Ind 1.2, SH] un excelente cazador, pero tal vez no comprenda [SH] su situación. ¿Y se habrá dado cuenta[Ind 1.1, AH] la zorra de que nunca terminará [Ind 0, PH] de huir del perro? Habrá burlado[Ind 1.2, AH] las mejores trampas, como dicen [SH] en Tebas, pero de esta trampa de destinos incongruentes no hay [SH] escape posible.
La primera forma verbal de cada par («sabrá» y «se habrá dado cuenta») está en modalidad conjetural (Ind 1.1), y la segunda («será» y «habrá burlado»), en modalidad concesiva (Ind 1.2). Para ahorrar diagramas, haré uno para el presente y el pretérito conjeturales y otro para el presente y el pretérito concesivos, aunque no respete el orden de las oraciones del nuevo comentario:
Si en vez de estar H a 5' del inicio de la persecución está después, las conjeturas y concesiones se hacen con los tiempos primos, los de tonalidad clara, que se relacionan con AH, a 5' del inicio de la persecución:
Con cinco minutos de persecución vana, ¿ya sabría[Ind 1.1, SAH] el perro que nunca podría [Ind 0, PSAH] atrapar a la zorra? Porque sería[Ind 1.2, SAH] un excelente cazador, pero tal vez no comprendiera [Sub 0, SAH] su situación. ¿Y se habría dado cuenta la zorra [Ind 1.1, AAH] de que nunca terminaría [Ind 0, PAH] de huir del perro? Habría burlado[Ind 1.2, AAH] las mejores trampas, como decían [SAH] en Tebas, pero de esta trampa de destinos incongruentes no había [SAH] escape posible.
De nuevo, primero el diagrama del co-pretérito y ante-pretérito conjeturales y después sus dobles concesivos:
§ 10.1.2Un fenómeno sistemático
Hasta acá, en las formas verbales dislocables la temporalidad no está sola, si cuando cambia también lo hace su modalidad (como si estuvieran entrelazadas a la manera cuántica). Gracias a eso, dichas formas pueden «expresar más de una combinación modo-temporal de contenidos gramaticales», como dicen Rojo y Veiga en la página 2.896:
«...un hecho que debe ser destacado es que la dislocación constituye un fenómeno sistemático que afecta a conjuntos de unidades verbales que presenten algún rasgo común en sus valores temporales. No se trata, pues, de enumerar usos diversos para formas verbales inconexas, sino de reconocer y explicar un mecanismo que en el interior del sistema verbal interrelaciona ciertos rasgos de contenido temporal y ciertos rasgos de contenido modal, posibilitando que determinadas formas verbales puedan expresar más de una combinación modo-temporal de contenidos gramaticales, lo que supone una innegable economía para el sistema que, de otra manera, necesitaría de una mayor (y, en consecuencia, más difícilmente tolerable) pluralidad de formas verbales para poder expresar el mismo número de unidades de contenido.»
Resumiendo, los usos no rectos derivan de los rectos y generan modalidades sin crear nuevos modos ni nuevos tiempos verbales, sino usando los que ya existen. Este multiuso «supone una innegable economía para el sistema», que debería asombrar y escandalizar a uno de sus usuarios uruguayos, Ireneo Funes, el gastador ilimitado.
De esta economía de la lengua deberían aprender quienes la describen con un método tan poco ahorrativo para nuestras limitadas energías de registro y retención como «enumerar usos diversos para formas verbales inconexas» (por ejemplo, hablando de un futuro epistémico, otro deóntico, otro volitivo...). Ver la dislocación como «un fenómeno sistemático» y poder «reconocer y explicar» ese «mecanismo ... del sistema verbal» haría innecesarias esas listas. Coincido, pero el tema es cómo y cuál es ese mecanismo.
§ 10.1.3El mecanismo R&V y la conjetura de algo futuro
Hasta acá, la descripción es la de dos tipos de desplazamientos de cuatro colores / tiempos verbales: de pos a co y de ante-pos a ante, en ambos casos respecto de H y de AH. En el mapa de momentos se ven así:
Todos los ejemplos usados confirman este diagrama porque este diagrama los representa. Son todos correctos, ciertos, pero también sesgados, seleccionados para encajar en (y apoyar a) la idea de la dislocación como entiendo que la entienden Rojo y Veiga; los cito del § 44.2.3, pág. 2.894:
«La ‘dislocación temporal’ de las formas verbales es el mecanismo mediante el cual, por ejemplo, las formas que, empleadas conforme a sus valores temporales rectos, expresan alguna relación básica que incluye un vector de posterioridad adquieren, cuando son empleadas para expresar simultaneidad, un valor adicional de incertidumbre que no poseían inicialmente, ...»
En esta definición hay un supuesto sobre las piezas del mecanismo, que es descripto a partir del supuesto: la pieza Futuro, por ejemplo, identifica –como todas– una sola relación temporal, y al identificar otra distinta se disloca y de esa dislocación surge una nueva modalidad del decir.
En el marco de esta definición apoyada en ese supuesto, todas las conjeturas y concesiones se hacen cambiando un tiempo verbal, no repitiéndolo: la expresión de un presente conjetural o concesivo no se hace con un Presente, sino con un Futuro, y la de un pretérito conjetural o concesivo no se hace con un Pretérito, sino con un Ante-futuro; lo mismo pasa en la tríada prima, orientada a AH.
Pero creo que hay una excepción, tanto a esa variación temporal como a ese acceso al club de las conjeturas y concesiones (una cosa lleva a la otra: la falta de diferencia temporal lleva a la necesidad de alguna otra diferencia que le permita acceder al club). Hago un pequeño rodeo antes de ir al grano.
Como se ve, en el universo de tiempos dislocados del indicativo 1 de Rojo y Veiga hay presente conjetural o concesivo y hay pretérito conjetural o concesivo, pero no hay futuro ni pos-pretérito conjeturales o concesivos. ¿En el uso del español tampoco? Y si los hay, ¿se expresan con el mismo color y tiempo verbal que el futuro y el pos-pretérito reales, aseverativos, o tienen otro, como sus vecinos presente y pretérito?
Lo dijo Francis Bacon, lo reafirmó Karl Popper: 1 caso contrera vale más que 18 confirmatorios. (Dado que a la Conjetura de Riemann no la demuestran 10 trillones de confirmaciones y la falsearía 1 sola desmentida, «es más interesante encontrar un contraejemplo».) Voy al grano: lo que esa representación gráfica del indicativo 1 no incluye son los Futuros usados para conjeturar o conceder algo futuro, y sus primos, los Pos-pretéritos usados para conjeturar o conceder algo pos-pretérito. No los incluye, pero existen.
Con suerte, los ejemplos 19 y siguientes patearán / van a patear el tablero. Ponele que a cada invitado le dije que podía invitar a quien quisiera a mi fiesta. Cuando te enterás de esto, me preguntás: “¿Y al final cuánta gente va a ir?”. Respondo: “No les pedí que me confirmaran, así que no sé... vendrán 30 personas”. Como hablamos el mismo idioma y dialecto, entendés –por el contexto y por la entonación– que en la respuesta no me contradigo declarando desconocer el dato requerido y dándotelo a continuación, sino que compenso ese vacío de saber con un relleno conjetural, para que no te vayas con las manos vacías.
Otro ejemplo. En § 7.5 dije que con el enunciado “A las 20 cantaré” describo qué estaré haciendo a las 20, en vez de narrar qué voy a hacer a las 20. Describiendo o narrando, asevero algo futuro. Pero con el mismo tiempo verbal verde y diferente contexto y entonación, lo que hago es conjeturar algo futuro, no aseverarlo:
~Che, ya son las 18. ¿Sabés a qué hora vas a cantar? ¿A las 19? ¿19:30?
—Todavía no sé... cantaré a las 20... 🤔 En un rato empieza el show anterior al mío.
~Cuando sepas, confirmame.
... ⏳ ...
—Confirmado: voy a cantar a las 20.
Como se ve, acá la oposición es que la perífrasis verbal «voy a cantar» asevera y el verbo en Futuro «cantaré» conjetura (con cierta entonación y a veces con algún refuerzo léxico –emojis incluidos– que lo apuntalan en la modalidad). Lo mismo pasa si sé o creo que tenés conocimiento del futuro, lo que me hará preguntarte así: “¿Cómo va a salir el próximo partido de San Lorenzo?”. En cambio, si sé o creo que no tenés ese conocimiento, en vez de pedirte un dato que sé que no tenés, te voy a invitar a conjeturar: “¿Cómo saldrá San Lorenzo el próximo domingo?” (equivalente a “¿Cómo creés que va a salir?”).
En la canción “¿Quien será?”, de los mexicanos Pablo Beltrán Ruiz y Luis Demetrio, el cantante se pregunta, entre retórico y curioso,
«¿Quién será la que me quiera a mí?
¿Quién será? ¿Quién será?
¿Quién será la que me dé su amor?
¿Quién será? ¿Quién será?»
Sin más contexto, pueden entenderse las preguntas como “¿Cuál de ellas (mujeres que conozco) será la que me quiera a mí y me dé su amor?”. Siguiendo la letra, entendemos que está hablando de una mujer que conocerá en el futuro (aunque ya exista), y sólo si llega a poder encontrarla:
«Yo no sé si la podré encontrar,
yo no sé, yo no sé.»
Este Futuro «podré» no es Ind 1, PSH, sino Ind 0, PSH. No expresa incertidumbre, acompaña la que explicita su subordinante, «no sé si», como podría acompañarla –quizás con menor consonancia– la perífrasis "voy a poder".
§ 10.1.4Mismo color, distinta modalidad
Si el indicativo 1 incluye un futuro y un pos-pretérito en sus dos versiones, conjetural y concesiva, nos falta ver la segunda. ¿Se puede conceder una afirmación ajena sobre algo futuro que no nos interesa discutir porque no afecta nuestra afirmación?
Se puede; por ejemplo: “Está bien, bajará[Ind 1.2, PH] de golpe la temperatura, como decís, pero no va a nevar”; “En dos días volverían[Ind 1.2, PAH] mis padres de las vacaciones, como decís, pero no hacía falta que te fueras”.
El problema es que también se puede con las perífrasis "va a bajar" e "iban a volver", algo que en la modalidad conjetural no se podría. El Futuro «bajará» y el Pos-pretérito «volverían» bien podrían ser indicativo 0, no 1.2.
En el peor de los casos, la modalidad concesiva no se distingue suficientemente de la aseverativa cuando usan el mismo tiempo verbal para los vectores PH y PAH. En el mejor de los casos, se le hace más difícil que a la modalidad conjetural diferenciar los dos futuros. ¿Por qué?
Al conceder podés aseverar; al conjeturar, no. Cuando concedés y aseverás con el mismo tiempo verbal identificando el mismo vector, la diferencia de modalidad, si existe, es muy inferior a la que hay cuando conjeturás y aseverás con el mismo tiempo.
Lo contradictorio (conjeturar y aseverar X cosa) resalta más que lo complementario (conceder y aseverar X cosa); tanto, que logra hacer ver su diferencia incluso usando el mismo tiempo verbal (Futuro o Pos-pretérito) para las dos acciones modales mutuamente excluyentes (lo que conjeturo no lo asevero, lo que asevero no lo conjeturo: o conjeturo o asevero X cosa).
Si conjeturo X cosa, es que no sé si es así o no; si la asevero, es que sé que es así (o eso quiero dar a entender, sea sincero o mentiroso, esté en lo cierto o equivocado). Puedo saber o no saber X cosa, no puedo saber y no saber X cosa. Saber o no saber, esa es la cuestión. Volveremos a ella más adelante, para no volver a irnos mientras hablemos de modalidades.
§ 10.1.5El mecanismo visto con el mapa de momentos
Como sea, si también puede conjeturarse o concederse algo futuro (y pos-pretérito), además de algo presente (y co-pretérito) y de algo pretérito (y ante-pretérito), entonces el desplazamiento que define al indicativo 1 es de dos tríadas vectoriales que suben desde la derecha de sus respectivos momentos de referencia, H y AH:
Antes de esta visión del desplazamiento, la descripción era que las formas simples ('cantaré' y 'cantaría') conservaban el punto de referencia (H y AH) y cambiaban la orientación temporal (de pos a co), mientras que las formas compuestas ('habré cantado' y 'habría cantado') lo hacían al revés: cambiaban el punto de referencia (de PH a H y de PAH a AH) y conservaban la orientación temporal (ante).
Con esta nueva visión, no hay cambios de dirección de las flechas, como de pos a co (en el cambio de ante-pos a ante tampoco hay cambio de dirección, pero sí de tiempo verbal). Lo que hay son cambios de momento de referencia de dos tríadas de vectores: la de colores oscuros cambia de apuntar a PH a apuntar a H y la de colores claros cambia de apuntar a PAH a apuntar a AH.
Esto significa que el presente conjetural o concesivo del nivel 1 (Ind 1, SH) no proviene de una dislocación del futuro aseverativo del mismo nivel (Ind 0, PH), sino del co-futuro aseverativo del nivel 2 (Ind 0, SPH), que en ambos casos es 'cantaré'. Simétricamente, el co-pretérito conjetural o concesivo del nivel 2 (Ind 1, SAH) no proviene del pos-pretérito aseverativo del mismo nivel (Ind 0, PAH), sino del co-pos-pretérito aseverativo del nivel 3 (Ind 0, SPAH), que en ambos casos es 'cantaría'.
Recapitulemos. Dos de tres vectores de cada una de las dos tríadas del indicativo 1 cambian de color respecto del que tienen en indicativo 0, la modalidad aseverativa. El vector de posterioridad de cada tríada, el distinto, es identificado por la misma forma verbal que en la otra modalidad, por lo que repiten color (verde el vector posterior a H, verde agua el posterior a AH). Pero el futuro conjetural no es el mismo Futuro de PH, que no se ha movido, sino el de PPH, que ha llegado desde el nivel 2 como integrante de la tríada ascendida. Si hubo dislocación, no fue por cambio de dirección vectorial, sino por desplazamiento, y en equipo.
En la perspectiva de este ensayo, el apellido de cualquier tiempo verbal es Legión: contiene multitudes. Para quienes piensan o sobreentienden que el Futuro identifica / significa / señala una sola relación temporal por modalidad, que el verde PPH ocupe el lugar del verde PH es indetectable, y tal vez también inconcebible.
§ 10.2Subjuntivo 2 + Indicativo 2, la modalidad contrafáctica
El desplazamiento de tríadas que funda al indicativo 1 subiendo desde la derecha de H y de AH hace juego con el desplazamiento de tríadas que funda la última modalidad subiendo desde la izquierda de H.
La dirección que falta es inútil y tu lengua lo sabe (?). Si una tríada subiera desde y por el centro, ninguno de sus vectores ocuparía el lugar de alguno que no tenga su mismo color; siempre "reemplazarían" a un doble cromático. De ahí que no existan desplazamientos verticales, con 3 de 3 novedades indetectables; sería como si un pulpo se disfrazara de pulpo, por nombrar a un gran transformista.
Con esta modalidad fantaseamos / imaginamos algo diferente, por lo común opuesto o inverso, a lo que sabemos o creemos que pasó, pasa o pasará (una manera amplia de lo contrafáctico). Esta sucesión hipotética de dos eventos suele presentarse como un combo de causa y consecuencia imaginadas (subjuntivo 2 e indicativo 2, respectivamente). El nuevo diseño vectorial es un trazo discontinuo hecho de rayas, no de puntos (como el indicativo 1) ni de rayas y puntos (como el subjuntivo 0) ni continuo (como el indicativo 0). Primero los diagramas, después los ejemplos:
En “Si tengo cambio, te doy”, no sé si tengo cambio (en otra época te habría dicho “Si tuviere cambio, te daré”). Me fijo en los bolsillos, no encuentro, veo la decepción en tu cara y para congraciarme juro que “Si tuviera cambio, te daría”, lo que implica que sé que no tengo ni te daré. (Este Futuro y aquel Presente del Indicativo nos dicen la temporalidad del Pretérito Imperfecto del Subjuntivo «tuviera» y del Pos-pretérito «daría», nombres que quedaron desfasados.) Días después, te pago con cambio y me agradecés con una ironía sobre la vez anterior. Vuelvo a jurarte que “Si hubiera tenido cambio, te habría dado”: causa y consecuencia imaginarias pasadas.
Estas asignaciones de tiempos verbales a roles de la secuencia hipotética o contrafáctica varían dentro de un mismo dialecto y entre dialectos. Dentro, algunas variaciones son aceptadas y otras aún resistidas por la normativa y/o la presión social.
En el interior del dialecto rioplatense, por ejemplo, una de las aceptadas es la variante del Pretérito Pluscuamperfecto del Subjuntivo en la consecuencia imaginaria pasada (la apódosis de la oración condicional): «Si hubiera tenido cambio, te hubiera dado». Un ejemplo de las resistidas es la variante del Pos-pretérito / Condicional Simple en la causa imaginaria presente o futura (la prótasis de la oración condicional, que Bello llama hipótesis): “Si tendría cambio, te daría”.
Una tercera manera de tener el mismo tiempo verbal en ambas partes es con el Pretérito Imperfecto del Subjuntivo, como se usa en Cuba o en Puerto Rico, entre otros lugares. La canción del puertorriqueño Roberto Angleró, “Si Dios fuera negro”, maneja las dos variantes para la consecuencia imaginaria: con Pos-pretérito / Condicional Simple (“...todo cambiaría”) y con Pretérito Imperfecto del Subjuntivo (“...negro fuera el día / negro fuera el sol ... negro fuera el Papa“), opciones que incluso combina en la misma apódosis (“...fuera nuestra raza, mi compay, la que mandaría”).
Bello también consigna estas dos opciones, documentadas con ejemplos literarios españoles. En § 695 escribe: «En la apódosis el presente toma las formas cantara, cantaría, ...». El ejemplo que cita es de Calderón:
«... La muerte le diera
Con mis manos, si pudiera».
Fuera de programa, hay otra dislocación propia de otro tipo de oración condicional.
§ 10.2.1Contrafácticos sobre el perro y la zorra
El tercer y último comentario sobre el perro y la zorra infalibles ilustra tres o cuatro casos de esta tercera y última modalidad:
• causa presente + una consecuencia presente y otra futura; • causa futura + consecuencia futura; • causa pasada + consecuencia pasada.
No quiero pasar al comentario sin antes agradecer por los servicios prestados al perro Lélape, a la zorra Teumesia, al dueño del perro, Céfalo, a su jabalina sin nombre, y al dios Zeus:
Si los atributos en pugna no fueran[Sub 2, SH] ambos perfectos, el duelo sería[Ind 2, SH] soluble y dentro de poco Céfalo no intentaría[Ind 2, PH] reforzar o compensar a su perro Lélape con la jabalina. Pero con este reparto de dones, aun si Céfalo lanzara[Sub 2, PH] su jabalina infalible, la suma de las dos perfecciones cazadoras no podría[Ind 2, PH] superar la simple perfección huidiza de la zorra. Si Céfalo hubiera hecho[Sub 2, AH] esta cuenta cuando le pidieron a Lélape, no lo habría cedido[Ind 2, AH].
La argumentación entera es una historieta de tres viñetas, una por cada oración condicional, cada una de las cuales a su vez es una historieta de dos viñetas, una para la prótasis (subjuntivo 2) y otra para la apódosis (indicativo 2):
el Zambullista
Hasta acá, esta reunión podría haber sido dos mails.
Mail enviado el martes 27/6/2023:
Mail enviado el lunes 16/9/2024:
§ 10.2.2Variaciones sobre un mismo combo
Hasta acá (mails incluidos), los ejemplos de esta modalidad vinieron en un combo de causa y consecuencia, ambas imaginarias. Pero también existen las parejas mixtas, como la que forman una causa real y una consecuencia imaginaria: “Yo llevaría[Ind 2, PH] esa sandía, hijita, pero pesa[Ind 0, SH] mucho”. Con ambas partes imaginarias y reordenadas, quedaría así: “Si esa sandía no pesara[Sub 2, SH] mucho, la llevaría[Ind 2, PH]”.
Lo importante es que ni bien la hijita escucha «llevaría», sabe que la mamá no va a llevar esa sandía; sabe que la realidad es la inversa. Nada de lo que siga a «llevaría» va a cambiar eso; de hecho, sólo va dar una razón de por qué no la va a llevar. Análogamente, aunque fuera del juego de prótasis y apódosis, cuando Pink Floyd canta “Deseo que estuvieras [Sub 2, SH] aquí” (así se tradujo “Wish you were here”), sabés que Syd Barret no está ahí (si estuviera, no andarían deseando que esté).
Volviendo al combo, son comunes también los casos en que una de las dos partes está sobreentendida. Un ejemplo con la causa imaginaria expresada y la consecuencia imaginaria sobreentendida: habías dicho que no ibas, pero al final caés de sorpresa y tarde a la juntada; no quedan empanadas, ponés cara de decepción y te dicen: “Hubieras avisado que venías”, que equivale a “Si hubieras avisado, hubiéramos / habríamos pedido también para vos”.
Tal vez más frecuentes son los casos de causa imaginaria sobreentendida y consecuencia imaginaginaria expresada. Si al ver que estás por hacer algo te digo “Yo no lo haría”, la causa imaginaria está sobreentendida. Explicitada, diría algo así: “Si yo fuera vos [Sub 2, SH] / si yo estuviera[Sub 2, SH] en tu lugar, no lo haría[Ind 2, PH]”. Y si ya lo hiciste, lo mismo vale para un “Yo no lo habría / hubiera hecho”; si explicitamos la causa imaginaria/irreal, queda así: “Si yo fuera vos [Sub 2, SH] / si yo hubiera estado[Sub 2, AH] en tu lugar, no lo habría hecho[Ind 2, AH] / no lo hubiera hecho[Sub 2, AH]”.
De este tipo es también el llamado 'condicional de cortesía': “¿Me dirías la hora?” sobreentiende un, por ejemplo, "Si fueras tan amable...”. Si te pareció una reposición demasiado creativa, esperá a ver la de la causa sobreentendida del 'condicional del rumor' (§ 44.3.3, pág. 2.916 de Rojo y Veiga), el mentado "potencial" de los periodistas: [Si esta información se confirmara, ...] “Habrían localizado[Ind 2, AH] al último prófugo; estaría[Ind 2, SH] en una isla del delta”.
Dicen Rojo y Veiga que en el condicional del rumor «no existe tampoco negación implícita», como no la hay en el condicional de cortesía. No es que no me vas a decir la hora porque no sos amable; ahí la modalidad no es contrafáctica, sino hipotética: no sé si serás o no amable conmigo; si lo fueras, ¿me dirías la hora? No es que «habrían localizado» implica que saben que no lo localizaron (como en “Si lo hubieran buscado por aquel lado, ya lo habrían localizado”); implica que no saben lo suficiente como para afirmar que lo localizaron y que está en una isla del delta (o que fingen no saber lo suficiente para evitar afirmar lo que saben que es falso).
§ 10.3Colores y diseños. Las aventuras metafóricas
Recapitulemos para avanzar. Mirando el mapa de momentos a vuelo de pájaro, las tríadas de vectores migrantes se mueven desde sus posiciones en indicativo 0 o en subjuntivo 0 hasta las posiciones de las otras modalidades: indicativo 1 (subiendo desde la derecha), subjuntivo 2 e indicativo 2 (subiendo desde la izquierda). De las 15 o 17 (10+4+1 ó 10+6+1) formas verbales, el español desplaza 6 (4 indicativas y 2 subjuntivas), 2 de ellas dos veces.
Los condicionales, el simple (Pos-pretérito) y el compuesto (Ante-pos-pretérito), tienen 3 posibles valores temporales y modales. Enumero los del Pos-pretérito "cantaría": pos-pretérito real, co-pretérito conjetural o concesivo, y presente o futuro imaginarios. Enumero los del Ante-pos-pretérito "habría cantado": ante-pos-pretérito real, ante-pretérito conjetural o concesivo, y pretérito imaginario (carrera ascendente la suya).
Por poderosa que sea –es decir, por obvia que nos resulte–, la imagen de una regla que tiene excepciones es eso: una imagen, una metáfora. Lo mismo vale para la imagen de unos desplazamientos o dislocaciones, afín a la anterior. Una realmente diferente, opuesta, es sincrónica y, por lo tanto, ciega a desplazamientos: sólo ve 16 emplazamientos de tiempos verbales en el mapa de momentos, como 16 fichas colocadas en un tablero. De los 16,
• 2 emplazamientos son triples ("cantaría" y "habría cantado" en Ind 0, Ind 1, Ind 2), • 4 son dobles ("cantaré" y "habré cantado" en Ind 0 e Ind 1; "cantara/ase" y "hubiera/iese cantado" en Sub 0 y Sub 2), • y los otros 10 son simples ("hube cantado", "canté", "he cantado", "canto", "había cantado", "cantaba", en Ind 0; "cante", "haya cantado", "cantare" y "hubiere cantado", en Sub 0).
Esta distribución de las formas verbales en las modalidades no supone ningún desvío de un camino recto, nada secundario o metafórico separándose de un significado fundamental, ninguna dislocación o desplazamiento: ninguna historia ni jerarquías. En esta visión del juego temporal del español sólo hay monolocaciones, bilocaciones y trilocaciones modales de tiempos verbales.
Dislocaciones o desplazamientos temporales, por un lado, y locaciones modales, por el otro, son imágenes de la relación entre el tiempo y la modalidad, interpretaciones de la «combinación modo-temporal» que es cada forma verbal, como dicen Rojo y Veiga. Por comodidad, para hablar de esta relación clave volveré a elegir la aventura metafórica de los desplazamientos temporales con efectos modales. Pero ambos relatos/retratos comparten –e interpretan– los mismos diagramas, como dos dialectos chinos comparten los mismos ideogramas (lo que permite que leyendo se entienda la gente que no se entiende hablando). Contala como quieras, pero graficala igual que todos.
§ 10.3.1La sociedad Tiempo&Modalidad: la relación clave
Las dos modalidades de Rojo y Veiga que marcan un cambio en su concepción del sistema temporal son Ind 0 y Sub 0. Si hubieran seguido siendo «usos rectos» de formas indicativas y subjuntivas, las modalidades serían sólo las producidas como efecto de tres grupos de dislocaciones: Ind 1, Sub 2, Ind 2. Rojo y Veiga incorporaron el puerto de partida como el primer hito del viaje.
Con la nueva concepción, tanto las formas “desplazables” como las “no desplazables” están en alguna modalidad, además de estar en algún modo y en algún tiempo. Las trenzas de estas categorías les dan sus colores y diseños a los vectores del mapa de momentos.
O en todo caso es una relación de 1 (una) categoría con un dueto de categorías: la temporalidad se entrelaza con un entrelazamiento de modo y modalidad. Porque ninguna modalidad apellidada n (0, 1 o 2) contradice al Modo Verbal que le da su nombre de pila (Ind o Sub). Rojo y Veiga lo dicen así en la página 2.895, sección 44.2.3:
«Es importante entender que las formas verbales empleadas conforme a sus usos ‘dislocados’ no pierden su condición modal de indicativas o subjuntivas por el hecho de añadir a su significado algún nuevo contenido de índole modal.»
Juguemos a negar lo que «nadie ha pretendido nunca negar» (pág. 2.920). En un sentido, no existe el Modo Subjuntivo; existen las modalidades Sub 0 y Sub 2, ya que toda forma subjuntiva va a pertenecer a una de estas 2 modalidades o a ambas. En un sentido, no existe el Modo Indicativo; existen las modalidades Ind 0, Ind 1, e Ind 2, ya que toda forma indicativa va a pertenecer a una o más de estas 3 modalidades (6 sólo a Ind 0, 2 además a Ind 1, y 2 a las tres). De hecho, los 4 tipos de trazo del mapa de momentos no representan modos verbales, sino modalidades.
Y no son 5 porque en la modalidad contrafáctica o hipotética, formas subjuntivas e indicativas tienen el mismo trazo vectorial. Pero sabemos cuáles son subjuntivas y cuáles indicativas por los colores: línea de rayas celeste o gris, Sub 2; rosa o verde agua, Ind 2. Valga como prueba de que las entrelazadas son las categorías de temporalidad y de modalidad (no la de modo verbal).
¿Podrían ser 5? Por supuesto. Nada impide asignarle al Ind 2, por ejemplo, un quinto diseño vectorial, diferente al trazo continuo, discontinuo de puntos, discontinuo de rayas, discontinuo de rayas y puntos. Probablemente tenga su utilidad didáctica, pero no es necesario. Y tal vez no sería muy representativo de los hábitos que tienen las dos partes de la modalidad contrafáctica o hipotética: si bien pueden ser singlistas, Sub 2 (alias Prótasis) e Ind 2 (alias Apódosis) suelen ser doblistas del mismo equipo nacional (Imaginalandia).
En honor al principio económico que genera las 5 modalidades de Rojo y Veiga (en rigor, con 2 emplazamientos y 3 desplazamientos genera 4 modalidades), si se las puede identificar usando menos de 5 diseños, mejor. Y con más razón si una de ellas es bipartita y 1 diseño para cada parte es un gasto de retención innecesario, porque los colores de una parte no pueden ser los de la otra (son dos combos diferentes que comparten el traje a rayas, pero de distintos colores y tonos).
Por lo demás, tampoco es algo nuevo en el ensayo un ahorro así: recordemos que las formas imperativas comparten el mismo trazo de rayas y puntos que las formas de Sub 0, pero en verde, un color que sus compañeras de diseño no pueden tener. La distribución complementaria también es diacrítica.
Si «en un sentido» no existen los modos Indicativo y Subjuntivo, ¿en algún otro sentido sí? Sí, claro, tampoco vamos a ser negacionistas de los modos verbales. Lo que digo es que existen en un sentido morfológico. Tengan tal o cual significado, los modos verbales son paquetes de desinencias (indicativas, subjuntivas e imperativas). Pero eso no es el verbo en uso. El mismo paquete de desinencias puede tener más de 1 uso, o sea, estar en más de una modalidad, que es una categoría tan gramatical como pragmática.
Por lo tanto, en el mapa de momentos todos los vectores del mismo color (temporalidad) y del mismo diseño de trazo (modalidad) representan el mismo uso de un tiempo verbal. Porque si representaran el mismo tiempo verbal, el "cantaré" de “No sé exactamente en cuánto, pero cantaré en unos 40 o 60 minutos” debería tener el mismo color y el mismo trazo que el de “Mañana cantaré en un coro”, lo que anularía la diferencia de modalidades en uso.
¿Significa esto que no vale lo dicho en general sobre los modos verbales en § 9, y en particular sobre las formas indicativas y subjuntivas en los capítulos § 4 a § 8? No, sólo significa, como dije al principio, que en esos 6 capítulos anteriores estuvimos hablando de las modalidades Ind 0 y Sub 0, pero llamándolas «significado fundamental» o «uso recto» de las formas indicativas y subjuntivas. Han recorrido un largo camino. Las otras 3 modalidades de Rojo y Veiga (Ind 1, Ind 2, Sub 2) están reunidas en este tramo § 10 del ensayo general (♪♫para la farsa actual, teatro antidisturbios♫♪).
La modalidad es la eficiencia en aprovechamiento de recursos y territorio hecha categoría gramatical. A diferencia del tiempo y el modo verbales, no crea nuevas desinencias; usa las que ya están, dejándoles su significado «modo-temporal» (Ind 0, Sub 0) o cambiándoselo (Ind 1, Ind 2, Sub 2). Revisemos los temas de este trío de categorías gramaticales.
Los modos verbales hablan de qué hacemos al hablar: siguiendo a Bello, si comunicamos un saber que o un creer que, usamos en Modo Indicativo el verbo de lo sabido o lo creído. Si comunicamos un desear que o un dudar que, usamos en Modo Subjuntivo el verbo de lo deseado o lo dudado. Por su parte, los tiempos verbales hablan de cómo se orientan temporalmente los eventos que comunicamos, para cuya respuesta aporté el mapa de momentos, con sus colores y sus diseños vectoriales.
¿Y las modalidades verbales? ¿Tienen un tema en común? ¿De qué hablan, tanto las sedentarias (Ind 0 y Sub 0) como las de ascensos diagonales (Ind 1 y Sub 2 + Ind 2)? Hablan de qué sabemos, qué no sabemos, y qué podemos hacer en cada caso. Ejemplificando sólo con las modalidades por desplazamiento, podemos imaginar algo distinto a lo que sabemos (Sub 2 + Ind 2, modalidad contrafáctica o hipotética), conceder lo que no sabemos a cambio de afirmar lo que sabemos (Ind 1.2, modalidad concesiva) o conjeturar para compensar lo que no sabemos (Ind 1.1, modalidad conjetural).
En las modalidades por emplazamiento, Ind 0 y Sub 0, las formas verbales se ubican en el mapa de momentos como las piezas de ajedrez se ubican en el tablero para empezar una partida. (Es el tablero que no tiene sentido patear.)*
Copio el primer párrafo de la acotación oculta en el asterisco que hay en la sección 1 del ensayo “Simultáneas 'Leonard Shelby'”:
«La apertura de una telenovela de los 90 llamada “Patear el tablero” mostraba un tablero con todas las piezas en sus posiciones iniciales y una pierna que venía a patearlo (con desparramo en cámara lenta, si mal no recuerdo). El error no pierde la mínima oportunidad: la apertura mostraba el único tablero que no tenía sentido patear porque no había dificultad en recordar; el único al que no se le aplica el sentido figurado de la imagen, que tan literal y realistamente quieren representar con la escena.»
La patada boba estaba también en los separadores con los que iban a la tanda comercial:
El juego se desarrolla con las 2 modalidades generadas por 3 desplazamientos: Ind 1, Sub 2, Ind 2. Veamos cómo.
§ 10.3.2El dilema reversionado y las modalidades
Cumplo con un retorno prometido y definitivo. Fijas o errantes, todas las modalidades derivan del dilema hamletiano mencionado en el final de § 10.1.4: Saber o no saber, esa es la cuestión. Para ver cómo y por qué, veamos antes esas derivas a partir de un diálogo entre 1 extraterrestre y 2 terrícolas, con un video de epígrafe:
El Zorro (captura de video del 27/2/2008)
👽 ─Che, ¿Juan está en su casa?
🤔 –No sé, pero es probable que sí, que ya esté ahí.
👽 ─¿Y en el club?
🤔 –No creo que todavía esté en el club. A esta hora ya estará en su casa. Y ojalá esté, porque diluvia.
😎 ~Sí, Juan está en su casa.
👽 ─Estará ahí, como dicen ustedes, pero ya es de noche y todas las luces de la casa están apagadas. ¿Están seguros que Juan está adentro?
😎 ~Sí, reafirmo que está ahí.
🤔 –Yo me di vuelta. Me convenció el argumento de ninguna luz prendida y ahora niego que Juan esté en su casa.
😎 ~Mirá, es simple: si no estuviera ahí, se oiría ladrar al perro. Así que me alegra que esté.
👽 ─Con una abducción, hago que Juan no esté en su casa, a ver si es cierto lo del perro.
😎 ~¡Qué ganas de molestar! Está lloviendo fuerte, dejalo en paz. Y a Juan también.
Si tengo un saber,
• puedo comunicarlo (Ind 0: «Juan está en su casa»); • me lo pueden negar (Sub 0: «No es cierto / es falso / niego que Juan esté en su casa»); • puedo ratificarlo (Ind 0: «Es cierto / no es falso / reafirmo que Juan está en su casa»); • puedo fantasear un hecho diferente al que sé o creo que pasó, pasa o pasará (Sub 2 + Ind 2: «Si no estuviera, se oiría ladrar al perro»); • puedo reaccionar ante el hecho (Sub 0: «Me alegra que Juan esté en su casa»); • puedo usar ese dato para hacer que pase lo contrario (Sub 0: «Hago que Juan no esté en su casa» –estando, no tiene sentido hacer que esté, sólo hacer que no esté, causando que salga o evitando que vuelva).
Todas estas acciones verbales presuponen que sé algo («Juan está en su casa»), con la semiexcepción de la desmentida, que presupone que sabés, pero que sabés algo que niega mi saber: sabés / creés / tenés seguridad de que «Juan no está en su casa», y entonces me negás que esté.
Pasemos a las acciones que presuponen que no sé si Juan está o no en su casa. Si no tengo un saber,
• puedo comunicar ese desconocimiento (Ind 0: «No sé si Juan está o no en su casa»); • puedo evaluar las posibilidades dilemáticas con una regla de probabilidad (Sub 0: «Es probable que esté en su casa»); • puedo reaccionar con escepticismo a una de las posibilidades que se postula a hecho o dato (Sub 0: «No creo / dudo que esté en el club»); • puedo conjeturar algo en un intento por poner la bala donde no puedo poner el ojo (Ind 1.1: «A esta hora ya estará en su casa»); • puedo conceder ese hecho para afirmar otro (Ind 1.2: «Estará en su casa, como dicen ustedes, pero ya es de noche y todas las luces están apagadas»); • puedo desear una de las posibilidades y temer la otra (Sub 0: «Diluvia; ojalá esté en su casa»).
También disponible en formato de mapa conceptual (ponele):
Recapitulemos. Todas las modalidades son definibles en relación con un saber o su falta. Las acciones básicas de cada modalidad se vinculan con la acción de saber, como si ésta fuera una torre medieval hexagonal con 1 cara libre y 5 conectadas a sendas torres por puentes específicos en su diseño y construcción. Veamos estas conexiones.
El primer puente conecta la torre Saber con su negación, la torre No saber: o sé o no sé (Ind 0: “Sé que / no sé si Juan está en su casa”). El segundo duelo disyuntivo lo tiene con una acción que presupone un “No sé”, pero lo contrarresta parcialmente ofreciendo una creencia: o sé o creo (Ind 0 en “No sé, pero creo que está en su casa” y, englobando la vecindad, Ind 1.1 en “No sé, estará en su casa” y Sub 0 en “No sé, pero es probable que esté en su casa”). Tampoco es lo mismo “Sé que Juan está en su casa” y “Estará en su casa, como decís”, donde concedo lo que no me consta y/o no me importa mucho (Ind 1.2).
El saber, acción básica de la modalidad Ind 0, también co-protagoniza una disyunción con las acciones básicas de la modalidad Sub 0: si sé que pasó, pasa o pasará X cosa, no voy a dudar ni desear que haya pasado, esté pasando o vaya a pasar. Y viceversa: si dudo o deseo que haya ocurrido, esté ocurriendo o vaya a ocurrir X cosa, es porque no sé si ha ocurrido, está ocurriendo o va a ocurrir. Vuelvo y repito: lo que se sabe no se desea; se desea lo que no se sabe.
Un último puente que da a esa torre conecta el saber con el fantasear, que es una acción básica de la modalidad bipartita Sub 2 + Ind 2. Construímos escenarios y situaciones que podemos creer posibles pero que sabemos irreales (nada muy distinto a la ilusión artística). Imaginamos causas y consecuencias diferentes a las que sabemos o creemos que hubo, hay o habrá. Así, en “Si Juan no estuviera en su casa, se oiría ladrar al perro”, sabemos o creemos que Juan está en su casa, algo que comprobamos con –o que inferimos de– el hecho de que no se oye ladrar al perro.
§ 10.3.3La existencia de los 👽
Captura de pantalla del 5/01/2007
Podemos diagramar conjuntamente los puentes saber~no saber, saber~creer, saber~dudar, saber~desear y saber~fantasear. Para eso, primero hagamos un viaje que vaya –por la línea naranja del tiempo cronológico– de una certeza a la certeza opuesta: por ejemplo, de “Los extraterrestres existen” a “Los extraterrestres no existen”, ambas Ind 0. (De paso dejamos descansar a Juan en su casa y le hacemos caso a Mulder, a ver si la verdad está afuera.) Bitácora de viaje. Me argumentan convincentemente y paso de la estación “Los E.T. existen”, que es un saber, a la estación “Creo que los E.T. existen”, que ya no es un saber. Anticipo el recorrido y después lo retomamos paso a paso. El creer es el primer miembro de la familia de los enunciados que pueden ir precedidos de un No sé, pero y se refieren al valor de verdad / confiabilidad / factibilidad de una posibilidad postulada para hecho o dato. Por orden de aparición, se suceden así: “No sé si los E.T. existen o no, pero
creo que sí ~ conjeturo que sí ~ estimo factible que sí ~ dudo si sí o no (o sea, no hago nada) ~ estimo factible que no ~ descreo / dudo que sí ~ creo que no”.
El viaje a la certeza opuesta atravesará esa gradación de compensaciones de un no saber. Terminará de atravesarla cuando termine de dar vuelta la creencia con que empezó el viaje y el recule: “Creo que no existen”. El siguiente paso será el de terminar de dar vuelta la certeza (“Los E.T. no existen”), que empezó a darse vuelta desde el primer paso en retirada de la certeza “Los E.T. existen”, o sea, en el pasaje mismo de saber a creer.
Presentado el recorrido, retomo la bitácora del viaje desde su primer paso: la confianza relativa (la creencia) en la existencia de los E.T., a falta de la confianza plena que daría un saber o su sensación, una certeza. Me siguen argumentando y ofrezco resistencia con una suposición optimista: “Alguno existirá”. Me insisten, negocio: “Puede que existan”. Un nuevo empujón persuasivo me lleva a la siguiente estación: “No sé si los E.T. existen o no”.
Estoy en la mitad del viaje, equidistante de la cabecera y la terminal, en el mismísimo punto de inflexión de mi cambio de certeza, previo cambio de creencia (ya que ambas son confianzas para actuar o posicionarse en consecuencia, una más confiable que la otra pero no por eso más intensa).
Empiezo a perder la equidistancia con una estimación inversa (“Puede que no existan”) y nadie duda de mi inclinación escéptica cuando digo: “No creo que existan”. En la siguiente curva de la pista, ese descreimiento es complementado por la creencia en lo contrario: “Creo que no existen”. Completar el giro de una creencia a otra es el preludio del último acto, que completará el giro de una certeza a otra: “Los E.T. no existen”.
Alrededor de este viaje de 180º pasan cosas. En los extremos, pasan dos clases de cosas que presuponen un saber o certeza (“Los E.T. existen / no existen”):
• reacciones racionales (“Es lógico que existan”), morales (“Es justo que existan”), estéticas (“Me gusta que existan”) o emocionales (“Me frustra que no existan”), por ejemplo; • y fantasías contrafácticas (“Si los E.T. no existieran, no existirían las pirámides”; “Si los E.T. existieran, les hablaría en reguidio”).
En el medio, pasan al menos cinco clases de cosas que presuponen un no saber (“No sé si existen o no”), cuatro de las cuales las acabamos de ver como hitos o estaciones del viaje por la zona. La quinta es una expresión de deseo (“Ojalá existan”), extensible a cualquier acción que implique un deseo.
En el diagrama, la flecha naranja horizontal es una línea de tiempo donde montar algunos hitos de mi conversión; las otras flechas, todas negras, mantienen el tipo de trazo correspondiente a la modalidad en que está el verbo "existir" en el enunciado apuntado, que presupone el saber o el no saber desde donde se lo apunta:
En el ejemplo, el escepticismo de “No creo que los E.T. existan” recae sobre una de las dos posibilidades, lo cual deja abierta la otra, tomada consistentemente por la movida siguiente, la creencia negativa: “Creo queno existen”. Trabajo en equipo.
Si el descreimiento se aplicara a ambas creencias posibles, iría a complementar el no saber central: “No sé si los E.T. existen o no, ni creo que sí ni que no”. Las ausencias escalonadas de conocimiento y, en su defecto, de creencia me dejarían
Lo raro no es que suceda esa parálisis; lo raro es que se prolongue indefinidamente. Puede demorar 1 turno el juego, pero si la persuasión continúa, lo habitual es seguir viaje hacia “Los E.T. no existen”, empezando por “Puede que no existan” (o por “Puede que existan”, si estás viajando en la otra dirección, hacia la certeza opuesta).
El itinerario de una conversión inversa sería igual a ir de derecha a izquierda en el diagrama, salvo que el correspondiente descreimiento (“No creo que los E.T. no existan”) estaría del otro lado de la divisoria central, precediendo y dando paso a la posibilidad no bloqueada de creencia (“Creo que los E.T. existen”), que a su vez dará paso a la certeza opuesta a la de partida: “Los E.T. existen”.
§ 10.3.4¿Pero eso lo sabés o lo creés?
La especie humana (captura de video del 20/10/2008)
Escuché en varias películas la pregunta del título, o una variante más áspera: “No te he preguntado qué crees; te he preguntado qué sabes”. No es raro que en una de acción se alcance un momento donde esa distinción se vuelve clave. Como ahora no podría citar ninguna, voy a imaginar un caso extremo que deje ver en alto contraste la proporción directa que rige la necesidad de esa distinción.
Imaginá que estás en un desierto y la sed te amenaza; te quedan fuerzas para unas 4 horas de caminata. Si tu ángel de la guarda se te presentara sin agua pero con data, ¿qué preferirías que te dijera: “Hay un oasis a 3 horas en esa dirección” o “No estoy muy seguro, pero creo que hay un oasis (creo que) a 3 horas (creo que) en esa dirección”?
La gracia del planteo, si tiene alguna, no está en que la elección sea difícil, como está lejos de serlo, sino en que su evidente facilidad nos haga evidente la proporción mencionada: cuanto más riesgosa sea la decisión a tomar, más necesaria será la distinción entre saberes y creencias. Y que Perogrullo me perdone.
Esta necesidad de certeza para decidir algo crucial es al menos tan antigua como la que tenían los apenas miles de homo sapiens que hace unos 75 mil años sobrevivieron a las consecuencias de la erupción del Toba. En el marco de esta teoría, pero también fuera, “lo que te digan tus vecinos puede salvarte la vida; pueden saber dónde están las mejores fuentes de agua, los mejores árboles frutales, o los mejores territorios de caza”. De ahí la importancia de saber con qué grado de seguridad te lo dicen (como un test con la rutina de preguntarte qué tan seguro estás de la respuesta que acabás de dar).
§ 10.4Pre-epílogo
Con este capítulo § 10 terminamos de ver lo que, en el final del § 7, dije que nos faltaba ver para completar el juego temporal del español. ¿Por qué entonces habrá un capítulo § 11, fascículo 9/9? Para hacer un resumen del ensayo y pensar qué cambios implica esta perspectiva en la visión del sistema temporal en general, como realización del tiempo lingüístico, y en la visión del juego temporal del español en particular.
A casuales 636 días del comienzo de Zambullidas, espero no haber olvidado ninguno de los blogs de ayuda de los que tomé los códigos para diseñar este sitio (las modificaciones en la plantilla Minima Ochre, casi todos los gadgets de la barra lateral, las definiciones de estilo en CSS, códigos de html en las entradas, etc.). En todo caso, los blogs de esta lista son los que más he consultado y a los que más agradezco: