El cartero llama dos veces




Toc

A M*
–¿Por qué con M? –preguntó Alicia.
–¿Por qué no? –dijo la Liebre de Marzo.

Lewis Carroll, Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, Capítulo VII “Una merienda de locos”. Traducción de Eduardo Stilman para Los libros de Alicia, Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 1998; página 78.
le cuesta decir algo y a Z oír algo. Si son la misma cosa, M sufre –tal vez entre otros pesares– la incomodidad de soltarle a Z lo que menos desea escuchar. Si Z piensa que no son la misma cosa, puede ser porque el temor a que sí sean –o la esperanza de que no– bloquea su lucidez. O puede ser porque efectivamente lo que M no puede decir con claridad y sin sufrir no es lo que Z no quiere oír, sino otra cosa (la improbabilidad de esta posibilidad es directamente proporcional a la probabilidad de la otra, que es muy alta; Z lo sabe, pero persiste –la esperanza es tenaz o inercial).
M llega a comunicar la existencia de algo para decirle a Z y lo mucho que cuesta y duele hacerlo, pero no llega a comunicar qué es ese algo. Lo que M llega a decirle entre llantos le hace creer y temer a Z que puede estar cerca de oír lo que no quiere oír de boca de M. Z no insiste y se va; no es una mayéutica que desee hacer, y menos sin haberse preparado (o también: preferiría apartar de sí ese cáliz, al menos hasta el próximo llamado).

Toc

Si a uno le cuesta decir lo mismo que al otro le cuesta oír, a ambos les conviene que no se diga. Pero se trata de una conveniencia transitoria (dura lo que una transición): M tiene más necesidad que dificultad de decir lo suyo (de aligerarse) y cuatro días después retoma el contacto y vuelve a tener la oportunidad. De nuevo la declina, pero esta vez Z insiste y finalmente pregunta y confirma sus temores.
El desenlace es un trabajo en equipo, la obra de una convergencia de dos necesidades que empezaron divergentes. La necesidad de M de sacarse un peso de encima le hace reabrir el canal; la necesidad de Z de sacarse una duda (racionalmente encogida, emocionalmente adensada) termina siendo superior a su temor a oír algo y se cumple la entrega del mensaje.

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