El sentido hecho pedazos


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Hay 1 comentario:

el Zambullista
17 de septiembre de 2012, 6:10

1.

Imaginemos que hago recortes de ensayos siguiendo un tema. En lugar de citar esos pasajes, pongo la imagen capturada de cada uno en tal día a tal hora (el efecto mimético disminuirá con la desactualización de las copias). Y en lugar de disponerlos según algún criterio o con alguna intención de significación, fluyen en random. Es como un mazo de (por ejemplo) 21 cartas que se está barajando constantemente.

2.

La aleatoriedad de una cadena de 21 eslabones puede significarse, además (o en vez) de hacerse. Es el caso del orden alfabético, que no es aleatorio pero tampoco significativo; expresa una indiferencia por el orden, ya que no una falta (de ahí que se elija el más convencional, uno que está equidistante del resto); sería extraordinario que lo tuviera una edición de los fragmentos hecha con cualquier otro criterio.

3.

Hay 21! = 51.090.942.171.709.440.000 (cincuenta y un trillones noventa mil novecientos cuarenta y dos billones ciento setenta y un mil setecientos nueve millones cuatrocientos cuarenta mil) combinaciones posibles de 21 fragmentos. Cualquier combinación tiene que ser una de esas, ya sea una generada por una función random o una decidida por una inteligencia que hace montajes pensados y otros convencionales (por ejemplo, estos cuatro: orden alfabético ascendente y descendente; orden cronológico ascendente y descendente).
Pero si la generación de combinaciones queda totalmente librada al azar, aun si no se repiten la probabilidad de dar con alguna ordenada convencional o significativamente es bajísima (como en la Biblioteca de Babel lo es la probabilidad de encontrar páginas con sentido).

4.

Redundo. Más allá de la selección de los pasajes, no hay ninguna curaduría, ninguna lógica que explique por qué un fragmento sigue a otro como lo hace. Cada cadena completa es contingente (lo mismo que cada serie de cadenas, si ampliamos el plano en busca de un sentido o patrón detectable a otra escala); podría no haber sido así porque no hay razón para que sea así si lo que se hizo fue un golpe de dados (que podrá hacer cualquier cosa, menos abolir el azar, jamás).