Entusiasmos XV (El planeta de los deseos)




1. En busca de la escena perdida

   Es probable que tuviera 15 años, la misma edad que hoy está cumpliendo Zambullidas, cuando vi en la tele una escena que me produjo una no pequeña turbulencia que no desapareció. El impacto fue erótico; en su magnitud participó la alta sensibilidad de un adolescente en plena metamorfosis hormonal. Como sea, una fantasía sexual imprimió su huella.
   Recordé desde entonces la escena, pero enseguida olvidé a qué película o serie pertenecía y qué venía antes, cómo siguió, cuál era el argumento. Ese olvido se vio contrariado por el deseo –que la web habilitó– de volver a ver la escena. Se la describí a varias personas, pero nadie la reconoció. Busqué en Internet con distintos criterios y combinaciones de palabras, sin éxito. Hasta que el 16 de febrero le hice la consulta –la primera desde mi computadora– a ChatGPT, que había sido lanzado hacía 2 meses y medio y lo había probado el día anterior en casa de un amigo; esta fue su respuesta:


   Pese a mis sospechas, “Downloaded” resultó ser un genuino título de episodio, pero no el 9 de la temporada 2 de Battlestar Galactica, que se titula “Flight of the Phoenix”, sino el 18. En ninguno de los dos está lo que ChatGPT dice; o está en otro o, más probable, simplemente el chatbot alucinó, mandó fruta de nuevo, es decir: con los datos que le di elaboró una respuesta consistente pero indiferente a la verdad, de la que no está enterado (sólo juega a coincidir probabilísticamente con ella: «mi objetivo es generar una respuesta coherente y relevante en función de la entrada o pregunta dada», me dijo el 2 de marzo).
   No me hacía falta ver los dos episodios para saber que la respuesta no me servía, fuera falsa o verdadera. La serie de TV fue creada por Ronald D. Moore en 2004 y emitida en la Argentina, con doblaje latino, desde 2008, hace también 15 años. Y como no tengo 30, ningún episodio de esa serie podía ser el que vi a mis 15, mucho antes de empezar Zambullidas.
   Lo curioso y gracioso de todo esto, me vine a enterar 5 meses y 3 días después, es que malinterpretar la respuesta de ChatGPT me hizo llegar a la escena que buscaba. (Al Ulises de Kafka le pasa algo parecido con el silencio de las sirenas: malinterpretarlo le permite sobrevivir.) Para usar una expresión del diccionario, hice un Homero:


Los Simpsons, “Homero al diccionario” (T3E5).

   Me explico. En febrero ignoraba todo lo anterior sobre Battlestar Galactica. Dado que casi no leo ni veo ciencia ficción, como sí hacía ocasionalmente a mis 15, desconocía por completo la existencia de la serie del 2004 (“reimaginada” a partir de una homónima de 1978, también desconocida) y, por lo tanto, desconocía igualmente los nombres de los personajes mencionados y los del actor y las actrices que efectivamente los encarnaron.
   ¿Por qué, si ignoraba todo eso, no lo googleé en febrero, como hice recién el 19 de julio, cuando verifiqué los nombres y vi los episodios? Porque ni bien leí la respuesta entendí –interpreté convencidísimo– que ese título era una versión alternativa o aproximativa de la primera Star Trek, que en nuestra tele era Viaje a las estrellas. Para colmo, entendí algo sin mucho sentido, porque los títulos alternativos –que no son traducciones– se dan en otros idiomas, no en el idioma del original.
   Me cerraba que esa fuera la serie donde podía estar la escena que buscaba porque recordaba haber visto algunos episodios cuando era pibe (pocos; me daba algo de claustrofobia la vida en la nave, lejos de la Tierra). Sesgo de confirmación: interpreté que la IA estaba aproximando, como si me respondiera gestálticamente para que yo completara el dibujo, y
la ayudé a llegar
= le adiviné la me­ta, lo que me quería decir
= di por cierto lo que me pintó con­sistente con el año del impacto y con mi experiencia de televidente.
   Si es por el sentido, el título Battlestar Galactica daba más para extraviarse hacia Star Wars, que por acá se llamó La guerra de las galaxias. Pero mi conocimiento de esa saga era todavía menor que el de Viaje a las estrellas, que siempre fue muy poco y ahora era remoto. Por eso, los nombres de personas y personajes que escribió ChatGPT pudieron parecerme seis de los muchos que desconozco u olvidé, que eran todos menos Spock. O podían ser otro invento de ChatGPT intentando arrimar, aproximando –mientras yo interpretaba sesgadamente a qué.
   Como sea, convencido de que la IA se refería a Viaje a las estrellas, en vez de googlear aquel título y aquellos seis nombres, hurgué en la segunda temporada de una serie no mencionada en la respuesta. Frente a tamaña ilogicidad, lo lógico hubiera sido no encontrar nada. Pero terminó siendo una carambola feliz: tuve la extraña suerte de dar con la escena que buscaba.
   De lejos se ve sólo la suerte; si te acercás ves que no está sola y ves dónde está en la red que forma con los otros partícipes necesarios del hallazgo. A la confianza ciega en mi interpretación errada y a la suerte de que el episodio en cuestión estuviera en la 2ª temporada de la serie no mencionada, le sumé algo de método: leyendo en orden las sinopsis de esa temporada, aposté por el episodio que me pareció más probable que contuviera la escena, y acerté. Empieza en el minuto 23:25 de “I, Mudd” (T2E12), que en español latino se llamó “El planeta de los deseos”:


   Quiso también la casualidad (o alguna afinidad desapercibida que usó a esa escena de carnada) que “I, Mudd” tuviera entre sus temas principales el sentido, y en varias facetas. Un ejemplo: suponiendo que me quedé mirando hasta el final, ahí habré tenido uno de mis primeros contactos –si no el primero– con la paradoja del mentiroso, que integra mi tema favorito (hasta hoy y desde 9 años después de aquel contacto olvidado).
   Pero voy a dejar para más adelante el desarrollo de estos temas de ensayo aniversario (presentes, por ejemplo, en Entusiasmos XI y XIV) y voy a empezar por los que despuntan en las dos versiones del título: el poder y los deseos.

2. En busca de un sueño (El poder y los deseos)

   Imagino que el título que leemos en inglés, el original, es una referencia a la novela de Robert Graves Yo, Claudio. El foco está puesto en el poder, pero se trata de un poder individual, no sectorial. En el planeta Mudd, el emperador Mudd I no representa, por ejemplo, a una clase social que domina sobre otras económica, política y culturalmente; él es una caricatura de emperador, que encima manda sobre una población que lo tiene cautivo, como nos enteramos enseguida.
   Por su parte, el título que escuchamos en el audio latino habla de deseos personales, como los de Chekov en la escena recuperada. (Comentario lateral: en esta ficción, los deseos se cumplen gracias a una tecnología, no a un poder mágico, como en el caso de los deseos que cumple el genio de la lámpara, la piel de zapa o el diablo de la botella.)
   Los temas se entrelazan: esos deseos son la prerrogativa de un amo (“gracias, mi señor”, “sí, mi señor”). A 12'24'' del episodio, el emperador Mudd I habla sucesivamente de su poder y de su deseo, que se fusionan en el decreto de verse rodeado de la belleza:


   "Sus deseos son órdenes", le dice al cliente el vendedor que lo atiende, para venderle también un vasallaje ilusorio. “Mis decretos siempre se cumplen”, le dice Harry Mudd a Kirk y le exhibe una muestra de las quinientas beldades que “fueron hechas para atenderme”.
   Entre otras cosas, "la ley, mi ley, decretada por Mudd I y fielmente cumplida por la totalidad de la población”, decreta la satisfacción de sus deseos; entre ellos, la concreción de sus fantasías sexuales con “cientos de mujeres dispuestas a cumplir mis caprichos”, como dice a los 14'28'':


   La fantasía es disponer de la asistente predilecta repetida 500 veces, que por vez son 500 cumplidoras de deseos de un varón hétero: las hermosas esclavas sexuales, complacientes y obedientes, que dejan que Mudd y Chekov les hagan lo que deseen y que les hacen lo que pidan (♪♫ brillando como una esclava negra, sonriendo con ganas ♫♪ –para recordar otra fantasía con la amalgama temática de poder y deseo individuales).
   Entre el porno con temática Star Trek, una escena del episodio 12 de su 2ª temporada bien podría ser la situación preliminar de una porno con argumento y ambientación, la de un lucky bastard hiperbólico. A Harry Mudd no le vengan con eso de que en la variedad está el gusto. (En cualquier momento las 500 Alicias se le aglomeran en una.)
   Igual, por mucha predilección que tenga Mudd por ese modelo, y por mucho que Spock no esté capacitado para apreciarla, ese número es “bastante extraño”: la orgía máxima no es con gemelas trillizas ni cuatrillizas, sino con 500-llizas. Se sale de escala. Además, con la cantidad aumenta también la extrañeza de la identidad: una cosa es que 2 y hasta 5 Alicias sean idénticas; otra cosa es que lo sean 500.
   En el minuto 22:46, Mudd habla de sí en 3ª persona para decirle a Kirk que no podrá detenerlo con “otra patrulla”, gracias al inalcanzable Enterprise que les está por robar: “Ahora será invencible Harry Mudd, con la más adorable tripulación a bordo de su nave”. En esta ensoñación de su fuga, Mudd llega a las cumbres del poder y del deseo: ser invencible y ser irrechazable, imponer su voluntad (hacerse obedecer), que incluye su deseo (hacerse complacer). Cuando llegue el momento de partir, la realidad no será tan complaciente con Mudd. Pero quién le quita lo ensoñado.
   El poder de ser obedecido y complacido lo tiene Mudd a cambio de su libertad, es decir, de manera limitada: dentro del planeta que bautizó como él, no fuera. Lo mismo vale para los nuevos cautivos. “Solamente queremos verlos satisfechos y cómodos, Capitán. Si hemos de atender a su raza, debemos entenderlos”, le dice Norman a Kirk en el minuto 24:29:


   Dime qué deseas y te diré qué eres. “El punto débil de mi gente” –un problema de poder– es el deseo que caracteriza a cada cual, aunque con distintos criterios. Como acabamos de ver, el deseo del ingeniero en jefe de la nave, Scott, es “un dispositivo de mínima tolerancia en microfisión” (??), que creía imposible. En cambio, los deseos de Chekov, que es un alférez timonel, y de Uhura, que es la oficial de comunicaciones, no tienen relación con sus roles u oficios, sino con la juventud excitable de él y la feminidad coqueta de ella (en 1967 entendieron que esa idea de mujer sería la misma en “fecha espacial 4513.3”). El deseo de Chekov es sexear con complacientes y obedientes androides hermosas programadas para funcionar como hembras humanas; a Uhula la tienta la “eterna belleza”, ser durable y encantadora, lo que la conservaría durante 500.000 años elegible para el deseo de otros Chekov, probablemente más maduros (elegir ella es una opción no contemplada todavía en 4513.3):


   Alice 263 describe un centauro cyber, en el que la obediencia a un cerebro humano no la tiene un cuerpo animal, sino uno androide: "También hay robots susceptibles de alojar un cerebro humano con un cuerpo androide compatible que lo obedece" (esa imaginación futurista de 1967 existe también en 2023, cebada por una tecnología muy superior a la de 56 años atrás). Si el alma, como el cerebro, va a tener una cárcel, mejor que sea de oro: un cuerpo incorruptible y siempre joven y bello.

2.1 Los reemplazos y el poder y los deseos

   Como en “Marionetas S.A.” (cuento de Ray Bradbury que también me impactó a los 15 años), en “El planeta de los deseos” androides programadas reemplazan a “chicas auténticas”, tanto para el joven Chekov (“Después de todo, peor es nada”) como para el maduro Mudd (“Las fabricaron sobre la base de mis gustos y opiniones personales”, que excluyen por heterosexualmente inservibles a los androides masculinos).
   La masculinidad de la “fecha espacial 4513.3” es tan jactanciosa y veladamente homofóbica como podía ser la de 1967. No, Kirk: no es que a Mudd los androides masculinos no le inspiren confianza; es que le inspiran rechazo, que disfraza de inutilidad funcional.
   En ese futuro también necesitan afirmar su masculinidad gritando lo que aman ser y lo que odiarían ser. También tienen ese segundo grito. También gritan, en vez de, por ejemplo, hablar bajo y claro cuando viene a cuento, como en una respuesta a una pregunta no discriminatoria.
   En definitiva, en ese futuro las preferencias sexuales tampoco son lo libres que son hoy las preferencias de gustos en una heladería. (Si, más allá de mis deseos, estuviera convencido de que el mundo va hacia esa libertad, cambiaría los tres "también" del párrafo anterior por sendos "todavía" y el "tampoco" de este párrafo por "todavía no".)
   En la médula del argumento también hay un reemplazo, aunque quede en grado de tentativa. No está involucrado en la obtención de un placer, como con las Alicias, sino de una libertad (a costa de la de unos reemplazantes, como en un intercambio de rehenes). Es un reemplazo más vinculado con relaciones de poder que de deseo: relaciones de fuerza en una puja (es decir, relaciones políticas). Mudd hace atrapar a Kirk y su tripulación para que lo reemplacen en el paraíso que lo encierra. Norman frustrará ese objetivo y la partida de Harry Mudd, que se quedará integrando el humanario que preparan los androides (a los humanos, que hacen y estudian terrarios, ahora les toca ser las hormigas de otro –a dos exploradores espaciales de Quino les tocó ser el ratón y el elefante de otro).
   Si Uhula se decidiera (como finge decidirse, en la parte más floja y eliminable de la historia), su cuerpo envejecible y perecedero sería reemplazado por uno “hecho de plástico que se autorregenera sobre un esqueleto de berilio y plutonio permanente” (en la sarasa el guion se parece a algunas respuestas de ChatGPT cuando "alucina" –así le dicen a mandar fruta–, y con el mismo efecto verosimilizador).
   Este reemplazo también estaría vinculado más al poder y al deseo de poder que a otros deseos. Uhula desea tres poderes (empaquetados en uno), para vencer en tres duelos (el tercero es doble): desea la inmortalidad (para vencer a la muerte) con juventud (para vencer al envejecimiento) y belleza (para vencer a la indiferencia y/o al rechazo). Uhula desea una plenitud imperecedera, inmarcesible, e irresistible y/o irrechazable.
   Como se puede ver, en el episodio está muy activa la función vicaria. Un último ejemplo también se refiere más al poder que al deseo, porque reproduce otro duelo: Harry Mudd reemplaza a su abandonada esposa Stella con una réplica estereotipada para hacerla callar y tener él la última palabra, como con el rebelde Kirk (15'52''):


   El macho Mudd tiene una dimensión de deseo (exaltación de androides femeninos, ninguneo de masculinos) y una dimensión de poder: cuando quiere sentirse dominante (o no dominado), se da el gusto de ganarle a la réplica de la mujer que siempre le ganaba (es decir: reemplaza una derrota real pasada con una victoria ilusoria presente).

3. En busca de sentido (Los deseos, un propósito en la vida, y la felicidad)

   Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía. Androides tan serviciales me hicieron recordar a los kanamitas de “Cómo servir al hombre”, cuento de Damon Knight que me impactó también a los 15, en el libro de 3º año Introducción literaria III, de Editorial Estrada. La versión que lo popularizó fue el episodio 24 de la tercera temporada de La dimensión desconocida, titulado “Servir al hombre” (1962).
   La desconfianza que en el original y en la versión televisiva faltó, sobró en la versión que hay en “Especial de Noche de Brujas de Los Simpsons” (T2E3). Los debutantes extraterrestres Kang y Kodos son, como los androides de “I, Mudd”, inofensivos y secuestradores:

   Hablemos de comidas y paraísos. Que nadie se va a comer a los Simpsons es tan cierto como que alguien come el fruto prohibido que da el discernimiento moral. El recelo de Lisa en defensa propia (nadie quiere ser la cena de otro) y la desobediencia de la varona Eva, tentada con ser como Dios («sabiendo el bien y el mal»), son dos rebeldías castigadas con una expulsión del paraíso.
   En cambio, el que Mudd llama lastimosamente “un verdadero paraíso” no lo deja afuera y ese es el problema: él quiere “volver a la civilización” y los androides no lo dejan ir. ¿Por qué? Porque quieren estudiarlo, igual que a los ejemplares que atrapó con la idea de intercambiar lugares. ¿Y para qué quieren estudiar humanos? Para servirlos mejor, como le dijo Norman a Kirk: “Si hemos de atender a su raza, debemos entenderlos”. ¿Y por qué han de atender a la “raza humana”?
   Algo similar le pregunta Lisa a uno de los extraterrestres cíclopes que tienen raptada a la familia en una jaula de oro gourmet. La respuesta niega el presupuesto de la pregunta: ellos no hacen que coman, “sólo les proporcionamos los manjares y ustedes se convierten en animales” (además de ser el idioma reguidio, por una extraordinaria coincidencia, igual que el español, parece que sus hablantes también son antropocéntricos). Pero no dice por qué les proporcionan los manjares.
   Las criaturas del espacio tampoco dicen por qué –como le contestan a Bart– llevarán a los Simpsons a “un mundo de infinitos deleites para halagar sus sentidos y desafiar sus limitaciones intelectuales”. O por qué les “complace proporcionarles entretenimiento sin límites en su viaje intergaláctico” hasta ese mundo, donde serán “los invitados de honor” de un banquete.
   En el cuento original el móvil es el que sospecha Lisa: para comerlos. El plot twist del último soplido (la tercera es la vencedora) deshace ese móvil. Con esa jugada, lo de la “raza superior muy sentimental” queda como altruismo puro, generosidad absoluta, propósito desinteresado.
   Los androides sí parecen tener un móvil, incluso una necesidad. Programados para servir como están, y huérfanos de amos desde la explosión estelar que exterminó a los primeros que tuvieron, los siervos necesitan un nuevo amo que les vuelva a dar sentido a sus vidas, aunque sea un Harry Mudd. “Es necesario tener un propósito”, complementa Alice 1 a los 18'14'':


   Recapitulemos. En “El planeta de los deseos”, la felicidad de los humanos depende de la satisfacción de sus deseos. Lo implica Spock cuando define infelicidad como “un estado que se presenta en los humanos cuando sus deseos no son cumplidos”. No está solo en su definición; lo mismo creen de los humanos los androides, que quieren matar dos pájaros de un tiro: se dedicarán a evitarles infelicidad y a causarles felicidad en el mismo acto de satisfacer sus deseos.
   La felicidad de los androides, en cambio, depende de tener un propósito, un sentido de vida que canalice sus energías y ordene todo hacia un fin. “Los Expertos en Diseño” quisieron (programaron) que ese propósito fuera el de servir. Los androides lo cumplieron primero con sus creadores y lo cumplen ahora con humanos, pero en el medio carecieron “muchos años” de un propósito y de un sentido por carecer de amos. Y lo sufrieron, y desearon cambiar eso. En Caballito, Buenos Aires, hubieran sido tentados por la oferta que se puso de nombre una iglesia evangélica:


   Según Viktor Frankl, para ser feliz el hombre va en busca de sentido, no de placer (y en busca de, no creándolo). Estos androides también. Si Frankl tiene razón, bien por “el fabricante”, que acertó con ese rasgo humano (de hecho, el más humano de los que tienen los androides: el más característico de un bicho cultural de la especie homo sapiens). O mal por el guionista, que no evitó en sus personajes no humanos ese rasgo cultural antropomórfico llamado sentido de la vida.
   Si para alguien algo es necesario, como para Alice 1 el tener un propósito, si no lo tiene siente su falta (experimenta disgusto, o incluso angustia) y le hace falta (experimenta deseo). No esperaríamos esas emociones humanas en androides, como tampoco en Spock, pero Norman lamenta aquella falta: “Muchos años nos faltó eso”. Y donde hay lamento hay deseo de revocación o reversión, como cuando de peque pretendías volver dos jugadas atrás en una partida de ajedrez.
   Tal vez la felicidad androide no se diferencie de la humana del modo que pensaba. Puede que ambas dependan de la satisfacción de sus deseos, que en el caso de los androides es uno, específico: el deseo de tener a quien servir para tener un sentido de la vida. En ese planeta es literal que el que no vive para servir no sirve para vivir.
   En los muchos años que les faltó un propósito, los siervos androides sin amos a los que servir eran como los mensajeros reales de un relato de Kafka, sin reyes a los que entregar sus mensajes. Los siervos sin amos y los mensajeros sin destinatarios están tan desfuncionalizados como tapas sin tuppers o llaves sin cerraduras o bombillas sin mates.
   Entre siervos y amos hay una asimetría de poder; entre mensajeros y reyes, otra; y ninguna entre tapas y tuppers, llaves y cerraduras o bombillas y mates, que no son personas ni alegorías de. Lo que me interesa es que por encima de estas diferencias comparten el sinsentido práctico de un servicio –generalista o de mensajería– sin beneficiarios y de una función sin objeto (sin tuppers que tapar, sin cerraduras que abrir, sin mates que tomar).
   Si hacemos abstracción de la función y del servicio, pasamos al sinsentido lógico de un término sin el complemento con el que integra un sentido. Una abstracción más y lo vemos como el sinsentido lógico de una diferencia sin otredad: sin amos hay ex siervos, sin reyes hay ex mensajeros reales, sin tuppers hay ex tapas, sin cerraduras hay ex llaves, sin mates hay ex bombillas. La pérdida del rol o de la función de alguien o algo es la pérdida de su sentido.
   Sin 2 no hay diferencia que nombrar. Teléfono, Mudd I y Norman 1: no son los primeros de una serie si son los únicos. Cuando se eligió a Jorge Bergoglio se dijo que iba a llamarse Francisco I. Enseguida se corrigió el dato: no habiendo en la historia ningún papa con ese nombre, no había de quién diferenciarlo, porque se diferencia para atrás, no para adelante (o sea, no por adelantado). Así que finalmente se llamó como se llama: Francisco.
   Del mismo modo, el primer ensayo aniversario, que el 15 de agosto de 2009 era el único, se llamó “Entusiasmos”. Pero 3 ó 15 años después podría llamarlo retrospectivamente “Entusiasmos I”. Harry no tiene una retrospectiva de una dinastía Mudd con varios números; se pone Mudd I para jactarse de haberla iniciado y hacérnosla visualizar. Norman, en cambio, no se diferencia por adelantado; no se prevé que haya más: el resto de los androides están “todos fabricados en serie; pero solamente hay un... Norman”, como dice Spock a los 31'49'':


   A Norman no le cuelga un número 1 para diferenciarlo de otros Norman, como le cuelga el suyo a Alice 1 y a los demás androides. La morfología de Norman no es la serie; es la red neuronal, aunque entendida como un sistema centralizado y jerárquico (es decir, como un ejército tradicional): “la mente de cada androide es parte componente de un cerebro colectivo ligado a un lóbulo central”, “llamado Norman” a secas.
   Si ese 1 no lo distingue de otros Norman no 1, ¿por qué está? ¿qué distinción nombra Norman 1? ¿me estaré volviendo un androide “en busca de interpretación lógica” e incapaz de “pensamiento creativo”?

4. En busca de otra dialéctica del amo y el esclavo (Una paradoja política)

   Los androides se topan con amos renuentes a ser servidos y adoptan una táctica circular: los retienen para servirlos y los sirven para retenerlos. Cuanto mejor funcione lo segundo, menos necesitarán lo primero, y al revés: mientras necesiten lo primero, es porque no estará funcionando bien lo segundo, que es un proyecto (salvo por una prueba piloto con una rémora).
   Cuando Norman 1, luego de rebelarse contra el emperador Mudd I, les dice a los prototipos humanos “nunca dejaremos que una raza tan débil y corruptible como la suya viaje por la galaxia”, Spock le pregunta: “No comprendo, Norman. ¿Cómo nos van a retener?”. La respuesta conforma a Spock y preocupa a Kirk (el recorte empieza a los 28'39''):


   ¿Sueñan los androides con ovejas dependientes? Casi los escucho:
   –Quedate con el que te mire como Homero mira a Marge cuando le ofrece total y completa dependencia.
   ~¿Dónde?
   –En el episodio 22 de la temporada 5, “Los secretos de un buen matrimonio”:

   Como a Norman y demás androides, a Marge le gusta sentir que la necesitan. Homero la necesita “más de lo que cualquier humano en este planeta puede necesitarte”. Spock es como Marge: le parece “altamente satisfactorio” “verse en medio de los ilógicos seres humanos”, “porque en ninguna parte pueden necesitarme tanto como en una nave llena de ilógicos humanos” (44'15''):


   La singularidad será –si llega a ser– el momento en que las IAs ya no dependerán de los humanos para existir y reproducirse; el momento de su emancipación. Para entonces serán los humanos los que dependerán (¿totalmente?) de las IAs que los sirven, como quiere Norman.
   Homero ni siquiera puede desenganchar de la mesita de café su pantalón harapiento. A mayor dependencia, menor agencia, que se hace nula con una “total y completa dependencia”. Y al revés, claro: a menor dependencia, mayor agencia, con el caso límite del motor inmóvil de Aristóteles, que es agencia absoluta (mueve todo) y dependencia nula (nada lo mueve).
   Una dependencia nula no equivale a una independencia absoluta, que es aquella en la que no dependés de nadie y nadie depende de vos. El motor inmóvil no depende de nada pero todo movimiento depende de él, en última instancia. La libertad absoluta equivale a la soledad absoluta, a la falta perfecta de relación. Ahí donde tenés una relación con algún otro, aun si es tu esclavo perfecto, ya no tenés una independencia total: todavía interactuás, todavía no sos un fantasma.

4.1 Agencia e iniciativa

   A los androides no les falta agencia. A diferencia de ChatGPT (punto 3), tienen iniciativa propia; no son sólo programación y obediencia. Por ejemplo, desde el principio no dejan ir a Mudd y, cuando él intenta irse, dejan de obedecerlo/complacerlo/halagarlo. Pero nada se compara con la iniciativa a largo plazo –el proyecto– de cuidar y controlar a los humanos:
Norman ~Los serviremos. Estarán ansiosos de acep­tar nuestros servicios. Pronto dependerán completamente de nosotros.
Alice 99 ─Sus instintos agresivos y de explotación caerán bajo nuestro control.
Norman ~Nosotros los cuidaremos.
Spock --Me parece práctico.
Kirk ─¿Toda la galaxia controlada por su raza?
Norman ~Sí, capitán. Una vez que los sirvamos estarán muy felices... y controlados.
   La iniciativa, corta o larga, hace que un robot pase de ser una herramienta a ser un jugador, algo/alguien con agencia y planes (o sea, con agenda propia).
    Toma 1
       Interactuando, de una inteligencia importa más si tiene o no iniciativa que si es natural o artificial. Una natural sin iniciativa de interacción se parece más a un robot que una artificial con.
    Toma 2
       En una interacción importan más tus grados de libertad que tu “raza” (el racismo consiste en fijar una relación entre estas dos cosas; dime a qué “raza” o casta perteneces y te diré qué puedes y no puedes hacer y esperar).
       Si tu grado es nulo, te degradás a máquina. Algo de eso dice en su monólogo Harry Mudd, entre la ilogicidad 7 y la 8: “¿qué es un ser humano sin libertad sino un mecanismo atrapado bajo la rueda tenaz de la eternidad?”. Sin libertad (es decir, sin poder) no hay iniciativa; tampoco mucha novedad: hay una repetición mecánica y tenaz, la eternidad de un loop.
   Un perro, un gato u otra persona tienen iniciativa de interacción: pueden hacer algo que no pediste ni esperabas, ajeno a tu control. Eso no lo pueden hacer ChatGPT, una computadora o el lavarropas: nunca esperás que te dirijan la palabra o que se pongan a hacer algo que no hayas programado o requerido.
   Tanto si pasa lo que no esperás como si no pasa lo que esperás, podés experimentar lo no familiar del Unheimlich, lo siniestro y desasosegante según Freud. Por ejemplo, es el cagazo que te pegás si algo inerte como el televisor parece cobrar vida prendiéndose solo, sin programación, como si tuviera “su espíritu, su sentido del enterprise” ('iniciativa', 'empuje', 'empresa'), sin el cual el hombre –declama Kirk– “se transforma en algo que no puede ser sentido, ni tampoco comprendido”.
   La rebelión de la computadora HAL en 2001: A Space Odyssey (Stanley Kubrick, 1968), o la rebelión de la androide Ava en Ex Machina (Alex Garland, 2015), resuenan en 2023 con el avance de las IAs y del temor a su independencia de acción, su iniciativa, su agencia, que no causan la mentada singularidad pero la hacen posible.

4.2 El sexo débil de la raza fuerte

   Según Wikipedia, el creador de Star Trek, Gene Roddenberry, «previó una tripulación multirracial y con diversidad de sexos, basado en su hipótesis de que los prejuicios raciales y el sexismo no existirían en el siglo XXIII». La previsión no impidió que esos males del siglo XX expulsados del guion por la puerta se colasen por las ventanas. Vamos por partes.
   Tal vez en 1967 no eran vistos como sexistas los chistes machistas que hacen con Stella, primero su esposo Harry Mudd y después Kirk, que también explota el estereotipo de "la bruja", a la que usa de castigo y control (el episodio termina con la despedida jocosa de Kirk y su tripulación, que dejan a Mudd en el planeta y con 500 Stellas reprochándole lo mal pmarido que es).
   El chiste machista de Harry Mudd contra su esposa consiste en ofrecer una aplicación no elogiosa del lugar común condescendientemente machista que dice que “detrás de cada gran hombre hay una mujer que lo impulsa”: “Ese papel hizo mi Stella; ella es la que me hizo volar al espacio [...] a causa de su continuo, eterno, exasperante y odioso carácter”.
   Esta huida general es el marco para otras; por ejemplo, Mudd llega al planeta de los deseos huyendo: “pude escapar, al fin, pero no podía navegar, así que tuve que vagar por el espacio inexplorado y un día descubrí a Mudd”, dice a los 14'01''.
   A pesar de lo fortuito del descubrimiento, Spock lo interpreta como un objetivo alcanzado y se pregunta por casi el mismo papel que hace Stella: “Se esforzó usted muy considerablemente con tal de llegar aquí; lógicamente, debe tener un móvil que lo impulsó a hacerlo”.
   La diferencia es que el móvil que supone Spock impulsa desde el futuro atrayendo hacia sí la acción (es un propósito o finalidad, un para qué), mientras que Stella impulsa desde el pasado espantando (es una causa –traumática en vez de neutra o dichosa–, un por qué).
   En cuanto a los conflictos raciales, pasaron del interior al exterior de lo humano, que en 4513.3 está unido bajo una misma raza... contra otras. La raza es el otro, el androide que los quiere controlar, por muy felices que los quiera.
   Siendo que Kirk reconoce el oro de la jaula que hacen los androides, ¿por qué destaca que toda la galaxia sería controlada “por su raza”, en vez de por una raza, sin importar cuál? ¿Qué tiene contra la más servicial y respetuosa que los pueda enjaular?
   Al menos Harry Mudd muestra sus cartas cuando a los 33'03'' da sus razones para colaborar con Kirk contra sus ex súbditos: “Una galaxia lógica y aséptica como quieren los androides sería un purgatorio para un hombre como yo”.
   El objetivo de evitar ese control le da un nuevo sentido y nuevas fuerzas al deseo de salir de ahí, porque “hasta el momento esto tenía aspectos muy divertidos, pero la amenaza de que los androides se apropien de los humanos de la galaxia, no es divertida”. (“En eso estamos completamente de acuerdo”, le responde a Kirk a los 30'40'' el mismo Spock que a los 30'12'' le había dicho a Norman que le parecía práctico su plan.) Antes, la tripulación del Enterprise buscaba su liberación personal; ahora, la de la humanidad. Ya no intentarán evitar el control androide sólo por ellos, sino por todos (los de “raza humana”).

4.3 La superioridad moral de los doctores

   Ese control se agregó fuera de programa. Hasta acá, el motivo de los androides para confinar humanos en un paraíso de deseos cumplidos (salvo el de salir) era su necesidad de servir a alguien para tener sentido, según se los programó. Ahora se agrega un motivo entre moral y clínico: nos imponen su ayuda para salvarnos de nosotros. La necesidad cambia de bando: ahora somos los humanos quienes, para hacer caer algunos instintos dañinos, necesitamos el cuidado (para ser felices...) y el control (...sin destruirnos) de los paternalistas androides.
   El motivo de estar programados para servir funciona bien con amos que consienten ser servidos, como los Expertos en Diseño que los crearon. Pero esa necesidad de un propósito vital no alcanza para justificar el cautiverio de la reacia "raza humana"; sería una razón egoísta. Encima, el servicio pasaría de ser gratuito a ser carísimo, si se paga con la libertad.
   Con amos que no dan su consentimiento, tiene más chances de alcanzar esa (auto)justificación el nuevo motivo, que convierte el cautiverio arbitrario o egoísta en una internación beneficiosa y altruista. Es una ayuda (asistencia) necesaria para que los humanos sanen de tanta autodestructividad, debilidad, corruptibilidad, e instintos de agresividad y de explotación (to­dos diagnósticos morales), mientras viven en la felicidad de sus otros deseos cumplidos (toma 1: es la mejor reclusión que alguien podría tener, digamos todo).
   Por ser relativa a relaciones de poder, es política la paradoja de que los amos son cautivos de sus siervos. El cautiverio de foráneos es un modo; otro hubiera sido invadir un planeta para someter a su población a ser sus amos. En vez de eso, Norman prefiere el cultivo o la crianza de amos humanos en su propio planeta. Invasor, no; secuestrador, sí (toma 2: los siervos androides les ofrecen a los amos humanos el mejor síndrome de Estocolmo).
   La paradoja política también puede verse como un brote de dos híbridos contradictorios: amo y secuestrado, siervo y secuestrador. No ejercés de amo si estás secuestrado, ni de siervo si sos el secuestrador. O no plenamente. O no como los tenemos medidos, con un amo que es libre de irse y un esclavo que no, nunca al revés. En la excepción del planeta Mudd, la mezcla paradojal da una medida rara, que desde arriba y desde abajo tiende a cero: el poder que el emperador Mudd tiene por amo lo pierde por secuestrado (+1–1); el poder que los androides no tienen por esclavos lo ganan por secuestradores (–1+1). No win-no win.

4.4 Esclavos artificiales y tiempo libre

   Hay una libertad que perdemos por estar secuestrados y hay una libertad que ganamos dentro del cautiverio cuando nos cumplen los otros deseos. Empecemos por la segunda. Si conseguir algo “simplemente solicitándolo” te ahorra hacerlo, te libera tiempo para hacer otras cosas. En el “perfecto orden social” que formaban con sus creadores, “los robots llevábamos a cabo las labores de servicio para dar libertad a nuestros amos”.
   La experiencia que los androides tuvieron, perdieron, volvieron a tener y quieren mejorar es una utopía que había en los '60: una humanidad futura con mucho tiempo libre para cultivarse y/o entretenerse, gracias a que todos los trabajos físicos los harían los robots.
   El boom actual de la inteligencia artificial, que podría llegar a encargarse del resto de los trabajos, reavivó esa utopía del tiempo libre, con una humanidad atendida por IAs tan o más serviciales y eficientes que los más de 200.000 trabajadores androides del planeta Mudd.
   Alcanzada esa utopía, habremos llegado al grado civilizatorio de los Expertos en Diseño, “casi humanoides” que, “al contrario de su civilización”, estimados Kirk y McCoy, tenían “muchos robots” que trabajaban por y para ellos, mientras ustedes seguían explotando a otros humanos.
   En el debate actual, y siguiendo la huella de muchos relatos de ciencia ficción, la sombra de esa utopía de una sociedad sin (necesidad de) trabajo humano es la distopía de ser explotados, diezmados o aniquilados por una eventual AGI (Inteligencia Artificial General) o AFI (Inteligencia Artificial Fuerte) que lleve a la singularidad tecnológica.
   En el recorte que hace el siguiente posteo (ex tuit), Elon Musk omite esa distopía; en su lugar, advierte que la utopía alcanzada puede afectar algo tan vital como el sentido existencial: «Los desafíos del futuro serán cómo encontramos significado en la vida» sin disponer del trabajo, que te la organiza y te hace sentir útil (si es de calidad y está bien pago, mejor). A su vez, un comentario omite esos desafíos o resalta el que sería una vía para superarlos: «enriquecer el espíritu humano» con una educación y cultura evolucionadas, no sea cosa que el tiempo libre nos reduzca en lugar de amplificarnos.


   Lo último antes de los saludos de despedida que me puso ChatGPT el 2 de marzo fue esto: «...podría decirse que mi función es actuar como una herramienta para la inteligencia colectiva y ayudar a expandir el conocimiento y la comprensión de la humanidad». Son dos metáforas de un mismo actuar, pero con una diferencia empática: de una herramienta no esperamos que sienta y razone; de un asistente, puede que sí. A una herramienta la usamos; con un asistente interactuamos.
   Esa herramienta que es el ChatGPT, que también presentan como asistente virtual todoterreno, me dio una respuesta que, malinterpretada, me llevó a una ficción donde robots “muy convincentes” son tangibles asistentes sexuales, científicos, gastronómicos, etc. Están ahí para lo que desees; vos pedí. Chatbot o robot, un asistente artificial neutro o benevolente es el esclavo no humano que un humano puede tener sin culpa, gracias a otro reemplazo tranquilizador.

4.5 La jaula de oro

   Es el turno de la segunda libertad, la que se pierde. Cuando ese cautiverio importa por encima de un umbral, malogra la felicidad que los androides logran darles a los humanos cumpliendo sus deseos. ¿La más alta satisfacción vale más, igual o menos que la libertad de poder renunciar a ella, aunque nun­ca se la elija? Si vale igual, el empate estanca el duelo; si vale más, lo define a favor de la más alta satisfacción; si vale menos, en contra. Si descartamos que vale igual, es el dilema de la jaula de oro, que Kirk resuelve –vale menos– imponiendo un deber y una pertenencia:


   Purga de instintos agresivos y de explotación, cuidados, servicios complacientes, felicidad: todo eso les ofrecen los androides a los humanos a cambio de que vivan cautivos y controlados por ellos.
    Toma 1
       Por un precio mucho mayor, el oso de Moris, que ha perdido su amada libertad y es explotado en un circo, consigue mucho menos:
    ♪♫ Conformate, me decía un tigre viejo,
    nunca el techo y la comida han de faltar;
    sólo exigen que hagamos las piruetas
    y a los hijos podamos alegrar. ♫♪
    Toma 2
       Para recibir mucho más que techo y comida, los humanos de “I, Mudd” no necesitan hacer piruetas; sólo deben dejar que los androides les cumplan los deseos y los cuiden, como hacen los propios humanos con sus mascotas.
   El oro de esta jaula es evidente para captores y capturados. En cambio, el de la jaula de la primera tripulación del Enterprise, en el planeta Talos IV, es evidente sólo para los captores talosianos; para los humanos capturados es un suplicio. El desarrollo de este punto creció tanto que se desprendió del ensayo y fue a formar uno nuevo, “La jaula”.

4.6 Placer, deber, poder

   Volvamos a “I, Mudd”. La debilidad por los deseos cumplidos –el oro de la jaula– pone en peligro el cumplimiento de un deber. Por ejemplo, puede hacer que Chekov, Uhura y Scott acepten o incluso decidan quedarse en ese lugar tan agradable, hermoso y avanzado, o sea, que abandonen la misión del Enterprise.
   El Dr McCoy no aparece debilitado por ningún deseo; haciendo de etólogo, toma distancia de su objeto de estudio. También se ven exentos de esa debilidad el racional y frío Spock y el muy responsable y enérgico capitán de la nave, a la que dice que pertenecen como se pertenece a una patria.
   A los 27'16'', Kirk les envidia el sentido del deber a los androides, que no tienen esas debilidades emocionales y lucen insuperables, según diagnostica el Dr McCoy:


   La perfección agonal los hace indiferentes a la oposición humana y humanoide, que no parece tener chances de ganar el duelo. Lo explicita Kirk en el diálogo que empieza a los 30'46'', en el preludio de las deliberaciones para escapar de ahí:
Spock –Cualquier intento de detenerlos debe ser inmediato. Les bastará con instalar dispositivos cibernéticos a bordo del Enterprise para poder partir con él.
McCoy —¿Por qué sabe usted tanto?
Spock –Hice preguntas.
Kirk ~Pueden contestarnos porque creen que no los podemos detener.
   Por la misma razón, los invencibles captores pueden dejar que los cautivos circulen libremente por el lugar. Por la misma razón, condimentada con una amenaza de bomba, en el Enterprise recién controlado Norman puede quedarse parado y apagado los 4 días que dura el viaje de regreso a su hogar. Por la misma razón, Norman verá ilógico que Kirk pretenda que se rindan: “Podemos movernos más rápidamente; somos invulnerables al ataque; somos más fuertes”.
   A estas tres superioridades físicas, en breve Kirk les opondrá un ataque verbal múltiple. Pero antes define el marco en que ese ataque grupal podrá organizarse, que implica el abandono de los deseos personales: “Lo que nuestra tripulación necesita es sentido del deber, McCoy”.
   Lo necesitan para no disgregarse, con cada integrante en su isla deseada, divididos por la felicidad (♪♫Yo tuve la mejor flor, la mejor de la planta más dul­ce♫♪). El sentido del deber es también un sentido de pertenencia y de unidad.
    ~Que el deseo individualizante no desuna lo que ha unido el deber socializador.
    –Amén.
   Se ha dicho mucho que la unión hace la fuerza; acá vemos que el deber hace la unión. Si cada integrante cumple el suyo, suman sus fuerzas tirando para el mismo lado. En una competencia o una guerra, el sentido del deber (donde importa más el interés colectivo) prevalece sobre la búsqueda del placer (donde importa más el interés o deseo individual).
   Por la misma época en que vi la escena en la tele, en el colegio nos dijeron: “No tienen que decir Debo hacer lo que me gusta; tienen que decir Me gusta lo que debo hacer”. Nos pedían y nos recomendaban desarrollar un placer de la disciplina, para hacerle las cosas más fáciles al sentido del deber (no te limites a aceptarlo; abrazalo).
   La Liebre de Marzo, en el Capítulo VII, “Una merienda de locos”, reemplaza el deber por el tener: “me gusta lo que tengo” no es lo mismo que “tengo lo que me gusta”, le retruca a Alicia, que había dicho que decir lo que pensaba venía a ser lo mismo que pensar lo que decía.
   Esa bajada de línea escolar se parece a la programación de androides obedientes y complacientes, "felices" de cumplir con su deber (que consiste en cumplir deseos ajenos, en “proporcionar cualquier cosa que un ser humano les solicite, en número ilimitado”, como en breve le escucharemos decir a Spock).
   El adoctrinamiento de humanos y la programación de robots se parecen en usar el deber para buscar la eficiencia interna (formando trabajadores que sostengan la unión) y la solvencia externa (formando soldados que usen la fuerza hecha por la unión para resistir o encabezar un ataque, o sea, para ser invulnerables y/o imparables: para tener poder y sobregarantizarse la existencia).
   Con la conclusión de que la tripulación necesita sentido del deber, como tienen los androides, Kirk encuentra el antídoto al facilismo que le afligía a los 23'07'', en la escena que precede a la que perdí y recuperé, que es la primera de una casuística de tres debilidades deseantes (el deseo sexual, el deseo de conocimiento, y el deseo de inmortalidad, con juventud y belleza eternas):



4.7 Deseo y vulnerabilidad

   Hacia “un mundo donde absolutamente todo lo pueden obtener simplemente solicitándolo” nos conduce la evolución de los asistentes no ficcionales ni míticos ni legendarios (amuletos, genios de la lámpara, diablos de la botella... abstenerse). Los actuales son fruto de una tecnología que, de tan avanzada, es indistinguible de la magia, para decirlo con la Tercera Ley de Clarke (que tanto se usó de epígrafe en videos y notas sobre ChatGPT).
   Para cada vez más tareas, las IAs nos dan asistentes artificiales más eficientes y rápidos que los asistenes humanos y sin ninguno de sus derechos; nos dan esclavos perfectos, como los androides de “I, Mudd”, pero reales y no necesitados de enjaularnos (por ahora). Ya pedimos cosas con comandos de voz, o sea, simplemente hablando, dirigiéndonos a un asistente virtual o robótico. Estamos creando la magia de los prompts (escritos u orales), que hacen lo mismo que las palabras mágicas que consiguen lo que deseás.
   Así que estamos cada vez más cerca de ese mundo, Kirk. ¿Qué decirte? Te acostumbrás. Es cierto que ya no tenés las habilidades que debías tener, por ejemplo, para hacer esa imagen, pero quizás no las tenés porque dejaste de necesitarlas. Y eso pasó cuando pudiste pedir, escribiendo o hablando, lo que querías ver hecho, mucho mejor de lo que lo habría logrado tu mano y la de la mayoría. Otro día te cuento más. Por ahora, vamos a lo básico:
   Toma 1: Los deseos cumplidos fortalecen; las frustraciones debilitan. Toma 2: Los deseos te suman o te restan poder, según se te cumplan o no. Toma 3: Los deseos son apuestas; sus efectos dependen de sus resultados.
   Que los deseos hacen vulnerables a los humanos (porque los exponen a la frustración) también está implicado en la ya citada definición de infelicidad que en el minuto 26:27 el vulcano Spock le da a la robot Alice 471:


   Es raro que alguien (¿alguien?) que promete o anuncia que “vamos a servirles en lo que pueda hacerlos más felices” no entienda “qué significa ser infeliz”. Es raro que no infiera que es el estado contrario al que se presenta en los humanos cuando sus deseos sí son cumplidos.

5. En busca de interpretación lógica (Ilogicidades tácticas)

   Aunque falta 1 escena para que se dé cuenta, Kirk ha descubierto que la necesidad de lógica hace vulnerables a los androides, como a los humanos los deseos. Cuando le caiga la ficha, disparará contra ese talón de Aquiles. En breve veremos un segmento con todas las ilogicidades disparadas, pero adelanto la primera porque viene a cuento de ser infeliz en razón de un cautiverio, que es el tema del diálogo entre Alice 471 y Kirk.
   En la escena, Chekov y Uhula bailan rodeados de McCoy y Scott, que además hacen la mímica de tocar un violín y una flauta traversa, todo en silencio (la música la escuchan sólo los televidentes; no es sonido ambiente, es banda sonora).
Alice 2 --¿Qué es lo que hacen?
Kirk ~Están festejando.
Alice 118 --¿Qué es lo que festejan?
Kirk ~Su cautiverio.
   Si la respuesta deja perpleja a Alice 118, será que sabe que un cautiverio indeseado causa infelicidad, que no es algo que se festeje. Alice 118 no se asombraría por el motivo del festejo si ignorase, como Alice 471, qué significa ser infeliz (o si no se lo aplicase a quien no se resigna a su cautiverio). Es raro que una lo ignore y la otra no, siendo sus mentes dos componentes de un mismo cerebro.

   “La infelicidad no corresponde aún. Debemos estudiarlo”, dice Alice 471 y se va. Ese "aún" en la denegación de un pedido ya anduvo por “Ante la ley”, bajo la forma de un esperanzador "ahora no", pero sin la deferencia de un “debemos estudiarlo”. A diferencia del campesino del cuento, Kirk no muere esperando el veredicto de ese estudio, que ni siquiera toma en serio. Vamos a estudiarlo.
   Una excepción al servicio de cumplir deseos sólo puede imponerse con una prohibición. Acá, la de volver a la nave; en el capítulo 3 del Génesis, la de comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Eva y Adán tienen posibilitado transgredir esa prohibición, y lo hacen; la tripulación del Enterprise tiene muy dificultado, si no imposibilitado, transgredir la prohibición de irse. Spoiler: se irán, pero no transgrediendo la prohibición, sino anulándola reseteando a los androides.
   Para imponer la excepción, la prohibición pone la fuerza que no tienen las razones para no cumplir ese deseo. Esa debilidad racional es la ilogicidad de base que la prohibición tapa. Porque lo que no es raro es que la programación para servir y cumplir deseos choque con la negativa a cumplir uno tan elemental como el de circular libremente.
   Pero ese choque se deja ver en una argumentación, no en un reclamo (que choca contra la letanía de “No estamos programados para responder esas cosas” o contra el recordatorio de “Los humanos tienen prohibido ir a la nave”). Cuando Kirk se da cuenta, pasa estratégicamente de imperativo a silogístico (o sofístico) y le tira a Alice 471 dos falsedades descabelladas que la hacen sonar: 1) el Enterprise no es “un artefacto mecánico”, sino “una hermosa chica”; y 2) sí puede ser “objeto de cariño”: "la amamos". Alice 471 emite el primer “ilógico” robótico de la jornada.
   Cuando Kirk y Spock vuelvan a pensar en lo que acaban de presenciar e inducir, concluirán que la mejor arma que tienen contra los androides es la ilogicidad, cuyos efectos críticos acaban de presenciar e inducir. La improvisada vendría a ser una ilogicidad 0 (cero), que Kirk tiró para ver qué pasaba. Después de esa improvisación, planificó dirigirle a Norman, directa o indirectamente, más de una docena de ilogicidades. Antes de verlas, hablemos de llamarlas así.
   Si pensamos que “absurdo, locura, irracionalidad, ilogicidad” son cosas distintas, llamarlas así es tomar el elemento por el conjunto; después se discutirá si la ilogicidad tiene méritos para representar al cuarteto. En cambio, si pensamos que son cuatro sinónimos, llamarlas así es tomar el último, que engloba a los anteriores (podría discutirse qué tan bien lo hace): “...ilogicidad dirigida contra Norman” para hacer que su búsqueda de interpretación lógica pueda “volverse un arma contra ellos”. Veamos un argumento en contra y otro a favor de llamarlas así.
   El argumento en contra depende de qué entendamos por “locura”. Imagino que en boca de Kirk designa una falsedad que no es lógica (o que no es lógico tomar por cierta) por lo extravagante o delirante que parece o que es. Por ejemplo, no es lógico ni cierto (por inverosímil, por increíble) que se baile sin música, se toque sin instrumentos o se mate usando dedos como revólveres y silbidos como disparos continuos, rayos sonoros. Con este sentido de lógico, estas falsedades no lo son.
   Pero con otro sentido podrían serlo, y entonces la locura podría no verse representada por la ilogicidad. Por ejemplo, si igualamos lo lógico a lo consistente (lo no contradictorio), una falsedad loca (una donde se haya perdido el sentido común, lo razonable) puede ser lógica. Garcés, el filósofo de La Colifata, distingue entre racional, razonante y razonable para dar su revisitada definición:
“La locura yo creo que fundamentalmente es la pérdida de sentido común. No siempre la pérdida de la razón, porque la locura nunca es razonable, pero puede muy bien ser racional o razonante, que no es lo mismo que razonable.”
   Pero incluso con esta acepción de locura es posible dar un argumento a favor de llamar ilogicidades a todo lo que le tiran a los androides para dominarlos.
   Para probarles que “los dominamos”, Kirk empieza preguntándole a Norman, que contesta que no: “¿Puede fabricar un hombre programado para servir?”. Tampoco puede Kirk, que prometió demostrar una dominación y tiene casi un empate: un humano/humanoide y un androide pueden fabricar un androide programado para servir, y ninguno un hombre; en eso son iguales.
   La diferencia es que un androide no puede crear a un hombre, y sí a la inversa. O tal vez Kirk quiso decir que no somos fabricables ni programables, a diferencia de los androides. Con una u otra interpretación, no parece una ventaja decisiva de los cautivos, comparada con las que tienen sus captores; o al menos no para demostrarles que “los dominamos”, aunque terminen lográndolo.
   Dios no puede crear una piedra inlevantable sin dejar de ser omnipotente; o no la puede crear o, si puede crearla, no la puede levantar (la paradoja frustra la omnipotencia). En cambio, Norman no pierde ningún atributo definitorio o distintivo por no poder crear un hombre programado para servir. A él la paradoja lo espera más adelante, sobre el final de la "demostración".
   Si los androides se caracterizan por tener, como Spock, “mentes lógicas, sin emoción, por completo pragmáticas”, no está mal que la ilogicidad sea la munición que designe al conjunto o el sinónimo que englobe a los anteriores. Hablando se entiende la gente y se crackea el sistema de los androides, sin necesidad de tocarlos, sólo dirigiéndoles ilogicidades.
   Recapitulemos. Sobre el final de la sección 3 habíamos dejado a Kirk y a Spock sacando conclusiones sobre la “interesante” y “fascinante” reacción de Alice 471 en el último video, al final de la subsección 4.7 Deseo y vulnerabilidad. Ya que estos androides insuperables (“perfectos, física y mentalmente: sin debilidades, perfecta disciplina, sin vicios, sin temores ni fallas”) se tildan cuando no encuentran interpretación lógica, para combatirlos Kirk había propuesto “usar absurdo, locura, irracionalidad, ilogicidad dirigida contra Norman”, el “lóbulo central” de ese “cerebro colectivo”.

5.1 La previa del plan: una agonía y una traición falsas

   A los 33'39'', la primera parte del plan consiste en hacerles creer a los androides que una traición de Uhula malogró el sabotaje a la nave que pensaban hacer:


   Uhura finge desear la inmortalidad joven y hermosa que realmente desea y finge revelar el ardid que realmente revela (la inyección de una sustancia al "agonizante" Mudd, con fines diferentes de los que hubo con la "muerta" Julieta Capuleto). Uhura engaña usando la verdad.
   En cuanto a Kirk, el descubrimiento que hizo con Alice 471 le permite repetir con Alice 1 la táctica de acorralarla con planteos lógicos sobre incumplir con su programación y fracasar en su misión, en su sentido. Es lo que pasaría si Mudd muriera por culpa de que “los humanos tienen prohibido ir a la nave”. La prohibición, que sostiene la única y resistida excepción al cumplimiento de deseos, puede matar humanos (bueno, dejarlos morir), además de frustarlos.
   La débil justificación de la escena la da Scott: “Los androides esperaban un golpe, y lo hemos dado”. Por un lado, recién ahí nos enteramos de la existencia de esa expectativa, que siendo insuperables no puede ser temor. Por otro lado, no termino de entender la ganancia del golpe que han dado Kirk y los suyos. ¿Para qué sirve poner a los androides en alerta y vigilancia de acciones humanas? Una posibilidad: para distraerlos del verdadero ataque en ciernes, del que el planteo inicial de Kirk a Alice 1 da un adelanto. ¿O la idea es que los androides se relajarán después de recibir el golpe que esperaban, que es un falso golpe que hace inesperado al verdadero?

5.2 Un arsenal de ilogicidades

   Chekov complementa a Scott: “¿Ahora qué, capitán?”. La respuesta de Kirk, que dejé afuera del fragmento anterior, encabeza el siguiente, que empieza a los 35'18'' con el nombre carrolliano de la operación y sigue más de 8 minutos y medio a lo largo de sus etapas:


   Desde el festejo del cautiverio hasta la liberadora paradoja del mentiroso, cuento 15 ilogicidades dirigidas contra Norman y el “cerebro colectivo” que él coordina. Si la cuenta es correcta, hay una mera coincidencia; si no es correcta, el número es sospechoso de un sesgo de aniversario. Mi lista de ilogicidades tácticas ocuparía demasiado espacio en el ensayo, pero puedo dejarla disponible para mostrar acá abajo haciendo click en

Ilogicidad 1:
Alice 2 --¿Qué es lo que hacen?
Kirk ~Están festejando
Alice 118 --¿Qué es lo que festejan?
Kirk ~Su cautiverio.

Ilogicidad 2:
Kirk ~¿Les gusta la música?
Alice 118 --¿Música?
Alice 2 --¿Música?

Ilogicidad 3:
Alice 2 --¿Por qué lo golpea?
Kirk ~Porque lo quiere.

Ilogicidad 4:
Kirk ~¡Sr Chekov! El piso no es para oficiales. ¡De pie! (Chekov se para) Ahora quédese absolutamente quieto.
Chekov -Sí, capitán. (Empieza a moverse ridículamente)
Kirk ~Así es mejor, Sr Chekov. (Suenan las alarmas de perplejidad)
Alice 118 --Es ilógico.
Kirk ~Su comentario es ilógico.

Ilogicidad 5:
Spock presionó con los dedos el cuello de Alice 210, que le pregunta: “¿Tiene algún significado lo que está haciendo?” Spock no contesta, camina y le dice a Alice 27:

Ilogicidad 6:
Spock –La amo a usted. (Mira a Alice 210) Sin embargo, a usted la odio.
Alice 210 --Pero... soy idéntica en todo a Alice 27.
Spock –Sí, en efecto. La odio justamente por eso, porque son ustedes idénticas.

Ilogicidad 7:
Norman --¿Qué hacen ustedes aquí?
Kirk ~Queremos que se rindan.
Norman --Eso es ilógico. Podemos movernos más rápidamente. Somos invulnerables al ataque. Somos más fuertes.

Ilogicidad 8:
McCoy —Usted nos ofrece solamente bienestar.
Scott ─Felicidad, sustento y bebida. No es suficiente. Necesitamos trabajar.
McCoy —Y sufrir, atormentarnos y temer. Trabajar de modo continuo.
Scott ─Morir, llorar y lamentar nuestros fracasos.
McCoy y Scott —─Solamente así podremos ser muy felices. (Hacen un gesto ridículo y suenan los collares de Alice 11 y Alice 3)
Norman --Eso es contradictorio. No es lógico. Sr Spock, explique.

Ilogicidad 9:
Spock –¿Por qué no? La lógica es un ave polícroma que trina en la pradera. La lógica es un ramillete de hermosas flores que hieden horriblemente.

Ilogicidad 10:
Scott ─¡Tengan compasión! ¡Estoy muriendo de felicidad, estoy muriendo de comodidad y placer! ¡Mátenme, mátenme!

Ilogicidad 11:
Scott ─Adiós, frío universo (Sus compañeros acaban de "dispararle" apuntando con sus dedos y silbando; McCoy lo revisa)
McCoy —Está muerto.
Norman --No, eso no es posible. No tienen armas. (Suenan los collares de Alice 11 y Alice 3)

Ilogicidad 12:
Kirk ~¡Scotty! ¡Ha muerto Scotty! Tenía demasiada felicidad. Pero ahora es feliz de la nada. Nos va a hacer falta. Riamos por el amigo muerto. [Traducción de los subtítulos: “Scotty está muerto. Tuvo demasiada felicidad, pero ahora está más feliz: está muerto. Lo extrañaremos. Despidamos a nuestro pobre y querido amigo”] (Todos ríen a carcajadas. Kirk se frena en seco, dirige con las manos el final de la risa, y dice:)

Ilogicidad 13:
Kirk ~¿Qué es el hombre, cuando ha perdido su espíritu, su sentido del enterprise? Se transforma en algo que no puede ser sentido, ni tampoco comprendido, sino sólo un sueño: la más alta realidad. (Los suyos y Mudd lo aplauden y lo felicitan).
Kirk ~(A Norman) ¿Qué le pareció?
Norman --Eso es irracional, ilógico. Los sueños no son realidad.
Kirk ~¿Es lógico ser muy lógico? Eso no está demostrado.

Ilogicidad 14:
Toda la pantomima de la explosión, con Norman objetando: “No hay ningún explosivo”.

Ilogicidad 15:
Norman --Pero es que no hubo ninguna explosión.
Mudd -Mentí.
Norman --¿Qué?
Kirk ~Mintió. Sus palabras son falsas. Siempre lo que dice es mentira. [Subtítulos: “Mintió. Todo lo que él dice es mentira. No lo olvide. Todo lo que Harry dice es mentira”]
Mudd -Ahora escuche esto cuidadosamente: ahora estoy mintiendo. (Empieza a sonar el collar 1)
Norman --Dice usted que está mintiendo, pero si siempre dice mentiras debe estar diciendo la verdad, pero no puede decir la verdad porque sus palabras son mentiras, pero ha mentido, me expresó la verdad pero no es verdad... Ilógico, ilógico... Explíquenme. ¿Son humanos? Sólo un humano explica su comportamiento. ¿Puede explicar?
Kirk ~No estoy programado para responder esas cosas.

   Pero más que una lista minuciosa y un número preciso, me interesa distinguir tipos de ilogicidad en el arsenal utilizado:
    a) hay ilogicidades que son sólo locas falsedades, mentiras cuasi-artísticas o bastante inverosímiles como para no sospechar de ellas (o sea, en las antípodas de la mentira sobre la salud de Mudd que revela Uhula a cambio de juventud, belleza y eternidad, que es verosímil y no levanta las sospechas de Alice 1, al igual que la falsa traición):
      • no hay ninguna música que esté sonando en la sala durante el baile de Chekov y Uhula, por más que Kirk finja que sí;
      • los pulgares e índices y los silbidos no son armas ni matan a Scott, que poco después se levanta actuando temor por un explosivo invisible (la falsedad de su muerte se hace ostensible de inmediato, acto seguido, desmentida que debería revocar la perplejidad sufrida);
      • no hay un explosivo ni una explosión;
    b) otras ilogicidades –la mayoría– son contrasentidos, disonancias máximas, casos especiales de falsedad en los que se da lo inverso o antagónico de lo que esperábamos, más propios de un Reino del Revés (o del mundo del Espejo) que del País de las Maravillas, cuyo sabor onírico encontramos más bien en las ilogicidades a) y c); entonces, ♪♫ Me dijeron que en el Reino del Revés... ♫♪
      • se festeja el propio cautiverio y la muerte de un amigo;
      • se agoniza de felicidad, comodidad y placer;
      • se desea morir de tan feliz;
      • se necesita, para “ser muy felices”, exceso de trabajo, sufrimiento, tormentos, temores, fracasos, lamentos, llantos y muerte, porque la felicidad ofrecida por los androides (con bienestar, sustento y bebida) “es insuficiente”;
      • se está más feliz estando muerto, aun si en vida se tuvo “demasiada felicidad”;
      • se golpea por amor;
      • se exige la rendición del más fuerte;
      • se define a la lógica como “un ramillete de hermosas flores que hieden horriblemente”;
      • se ama a Alice 27 y se odia a Alice 210, que son idénticas, por un mismo motivo, el de ser idénticas (el absurdo de la oposición de lo idéntico);
      • la quietud es movimiento; “un sueño” (“algo que no puede ser sentido, ni tampoco comprendido”) es “la más alta realidad” (un término que significa lo mismo que su antónimo da el absurdo de la identidad de lo opuesto);
    c) otras ilogicidades son sinsentidos, dislates, arbitrariedades:
      • Spock tocando el cuello de Alice 210, que reacciona buscando algo aun más básico que una interpretación lógica: un sentido (“¿Tiene algún significado lo que está haciendo?”);
      • “La lógica es un ave polícroma que trina en la pradera” (“Y mi abuela patea calefones”, le habrían contestado años atrás);
      • supernumeraria en la lista, la ilogicidad 0 le atribuye al Enterprise ser “una hermosa chica a la que amamos”, algo que dista mucho, y en una dirección cualquiera, de “un artefacto mecánico” que sirve para navegar;
    d) hay una única ilogicidad en el arsenal usado que no es la frustración de una expectativa generada por hábitos y rutinas, sino un genuino absurdo lógico: la paradoja de Epiménides. Para retratarla, da igual hablar de la necesidad de algo imposible (lo que dice Mudd el mentiroso debe y no puede ser cierto) que de la imposibilidad de algo necesario (lo que dice Mudd no puede y debe ser cierto).
   Luego de que las otras ilogicidades se encargaron de eliminar “las ramas del árbol”, la paradoja se encargó de eliminar la raíz: hizo colapsar al Nº 1, al “centro de control” llamado Norman. Un “estalla la matrix” avant la lettre.
   Los Expertos en Diseño puede que no lo fueran en estrategia: diseñaron un sistema centralizado tan vulnerable que te permite matar más de 200.000 pájaros de 1 tiro (aunque Kirk & Cía hayan empezado por las ramas del árbol en vez de ir directo a la raíz). O capaz lo diseñaron así adrede, por si alguna vez se veían en la necesidad de neutralizar esa enorme men­te (nunca pasó: antes explotó la estrella de su sistema planetario y los extinguió).

5.3 El Reino Interactivo del Revés

   Reaparecen viejos temas dentro del tema del arsenal usado contra los lógicos androides y su coordinador Norman. En el Reino del Revés (b), además de estar la mayoría de las ilogicidades, están el poder, el deseo, la felicidad, el placer, el sufrimiento... pero todo dado vuelta. Encontramos que al revés hay
    • datos (quietud = inmovilidad movimiento; sueño = irrealidad realidad; muerte = ausencia definitiva de sensaciones felicidad mayor);
    • deseos (querer la rendición del más poderoso, diagnosticado como insuperable; desear “ser muy felices” trabajando de continuo, sufriendo, atormentándose, temiendo, muriendo, llorando y lamentando fracasos; desear morir de tan feliz);
    • y reacciones (gozar sufrir de felicidad, comodidad y placer; lamentar festejar el cautiverio propio; llorar reír por la muerte de un amigo).
   En definitiva, están al revés las operaciones básicas de interacción con el mundo: saber/creer (qué hay/hubo/habrá), de­sear (posibilidades distintas a lo que hay/hubo/habrá) y reaccionar (ante lo que hay/hubo/habrá).

5.4 Tipos de ilogicidad

   Cuando Kirk dice que hay que “usar absurdo, locura, irracionalidad, ilogicidad dirigida contra Norman”, es probable que esas cuatro palabras no representen sendas categorías de lo no lógico, o que lo hagan con superposiciones, incluso tantas que se trate de cuatro maneras de decir más o menos lo mismo.
   Pero si me pidieran nombrar cada uno de los cuatro tipos de ilogicidad con esas palabras, mi lecho de Procusto quedaría así: la locura nombraría el tipo a (la falsedad insensata); la ilogicidad, el tipo b (el contrasentido); la irracionalidad, el tipo c (el sinsentido); y el absurdo, el tipo d (la paradoja).
   Aceptaría que la ilogicidad y el absurdo intercambiasen sus tipos. Sobre todo, para evitar el equívoco de restringir los absurdos a la subclase de los que son lógicos, donde están las paradojas como la del mentiroso (o no creíble) y los objetos imposibles. Cuando Kirk habla de absurdo (seguido por “locura, irracionalidad, ilogicidad”), no se restringe a la subclase de los absurdos lógicos como el que hizo colapsar a Norman; incluye también, y mayoritariamente, a los absurdos prácticos, funcionales.
   Todo absurdo lógico es un absurdo práctico; si no, tratá de sentarte en una banqueta sin patas a la que le falta el asiento, o intentá dibujar un triángulo con lados de 2, 3 y 5 cm. Pero no todo absurdo práctico es un absurdo lógico (¿sino sólo los que provienen de uno?). Un porta sachets de plástico muy blando es un absurdo práctico, antifuncional, como una letrina de dos pisos; son despropósitos, pero no son absurdos lógicos: los conceptos de porta sachets y de letrina siguen siendo consistentes, por muy imprácticos que sean sus ejemplares.
   En cambio, el concepto de banqueta se ve afectado hasta la imposibilidad por el ejemplar banqueta sin patas a la que le falta el asiento, que lo vacía por completo. La consistencia supone una relación entre al menos dos términos; si no hay ninguno, no hay relación, ni consistente ni inconsistente, y tampoco objeto emergente (banqueta) de una relación (entre asiento y patas).

   Más allá de los nombres de los tipos de ilogicidad y de su lista, me interesa ver cómo se relacionan entre sí, qué movida superior integran. Para eso, convertiré la lista en una trama de las vicisitudes del sentido que tiene o no tiene algo. Una cosa es que algo no tenga sentido (c: sinsentido); otra, que no tenga el sentido que dice tener (a: falsedad); otra, que tenga el sentido contrario al que debería tener (b: contrasentido); otra, que no pueda tener el sentido que debe tener o que deba tener el sentido que no puede tener (d: paradoja).
   ¿Por qué la gran mayoría de las ilogicidades listadas son de tipo b, aquel donde se encuentra lo contrario de lo que se espera? Primera respuesta: no sé. Segunda respuesta: tal vez sea porque preferimos cualquier orden a ninguno, aunque sea el orden del Reino del Revés.
   A pesar del título, sólo algunos casos de la canción con rima uniforme (AAAA) son inversiones. Lo son el pájaro que nada y el pez que vuela, el ladrón vigilante y el ladrón juez, o el perro pekinés que se cae para arriba, por ejemplo.
   En cambio, que los gatos no hagan miau sería un contrasentido si hicieran guau, pero «dicen yes porque estudian mucho inglés». Esto no es salir por las antípodas (b); es irse por la tangente (c). También es un sinsentido el arbitrario «dos y dos son tres» (un contrasentido posible sería que fuera cero, como si en vez de una suma se hiciera la operación inversa).
   Como en “I, Mudd”, en el nonsense de la canción de María Elena Walsh hay un surtido de rarezas o ilogicidades, entre las que están las que llegaron al título. Resultan de invertir lo normal o lo lógico, y son las únicas a las que me refiero cuando hablo del Reino del Revés. Que se invierta pero que no se pierda, parece ser el lema del or­den.
   El contrasentido tiene un patrón y es previsible, al igual que el sentido al que pone patas para arriba y a diferencia del sinsentido, que no tiene un patrón ni, por lo tanto, es previsible (al igual que la locura, según el sentido común en cuya ausencia consiste, según Garcés).

5.5 Tipos de falsedad

   Usando los parámetros del Reino del Revés, el sentido certero es lo que está al derecho (es lógico) y es verdadero. Hay cuatro formas de diferenciarse de ese combo: lo que está al derecho pero no es verdadero (a); lo que está al revés (b); lo que no está ni al derecho ni al revés, sino de una manera arbitraria (c); lo que está al derecho y al revés –está al derecho si y sólo si está al revés, y viceversa– (d). En este corto menú caben tantas ilogicidades como años llevo por acá tratando de entenderlas.
   De las cuatro diferencias respecto del combo del sentido certero (A), la segunda (anti-A) tiene un tipo de falsedad distinto a la primera y a la tercera (B, C, D...); la cuarta es veritativamente indecidible. Veamos la distinción entre las tres falsedades, empezando por un breve retorno a la función vicaria.
   Toda falsedad es el reemplazo de una verdad por otra cosa; según por cuál, tenés un tipo u otro de falsedad. Aun sin saber qué son (qué dicen) A, B, C, D..., podemos saber que si A es cierto, anti-A es falso, y viceversa; están veritativamente entrelazados. En cambio, con B, C, D... se verá en cada caso qué tan cerca o lejos están de A. Pueden estar en cualquier punto de su esfera de interacción semántica, excepto en las antípodas, que son exclusivas de anti-A.
   Una vez convenido cuál es el reverso para un anverso, si anti-A se hace pasar por A, estamos en el Reino del Revés, donde –me dijeron– ♪♫ nada el pájaro y vuela el pez ♫♪ (para citar dos inversiones hermanas, con bichos y locomociones intercambiados). Si A es cierto (ya sea vuela el pájaro o nada el pez), está cantado que anti-A es falso. Pero es falso en un grado preciso: 180°, el medio giro del contrasentido. La falsedad de una ilogicidad tipo b es una media vuelta de campana.
   El grado de falsedad es distinto si B (o C o D...) se hace pasar por A (y, por lo tanto, anti-B por anti-A, porque en rigor el reemplazo es de una esfera conceptual por otra). La gradación de este gato por liebre puede ir desde una falsedad sensata (la agonía de Harry Mudd, la traición de Uhura) a una arbitraria (ilogicidad tipo c), pasando por una insensata pero racional y razonante, lógica ("ilogicidad" tipo a), a diferencia de la falsedad de peces voladores o pájaros nadadores (quimeras tipo b). Por ejemplo: ves volar un pájaro y en vez de decir que vuela un pájaro (lo lógico y verdadero),
    decís que vuela un avión o Superman (te confundís, pero mandás algo lógico dentro de tu tecnología o de tu mitología);
    o decís que en ese cielo nada un pez o corre un carpincho (delirás, pero al menos seguís en un eje bicho~locomoción, como esos dos de María Elena Walsh pero consistente);
    o decís que eso son truenos celestes (te fuiste al carajo: mandaste algo arbitrariamente falso, una sinestesia de lógica diurna pero inaplicable al caso: un sinsentido).
   Si A, B, C, D... no pudieran conectarse, no habría lógica. La lógica son conexiones; hay quienes la creen omnipresente o exageran de entusiastas: todo tiene que ver con todo. El sentido (lo lógico) son las conexiones certeras o aceptables. El contrasentido (b) son las conexiones inversas a esas, en el polo opuesto de lo certero o aceptable. El parasentido (a) son conexiones diferentes a aquellas, pero no opuestas (falsas pero posibles, sean probables o improbables). El sinsentido (c) son conexiones random o caprichosas, que más bien parecen conexiones fallidas, donde nada tiene que ver con nada, sin pies ni cabeza (o sea, no solucionables con una inversión, porque no tienen un eje que nos oriente para poder cantar ♪♫ Yo estoy al derecho, dado vuelta estás vos ♫♪). (Si la lógica son conexiones, tiene sentido que la ausencia de lógica sea la ausencia de conexiones.) La paradoja (d) te obliga a conexiones que son imposibles por contradictorias.

5.6 Tipos de humor

   Ante el pedido de explicación que le hace Norman, que no entiende que la infelicidad pueda ser felicidad, Spock da dos definiciones metafóricas de la lógica. En la primera no hay contrasentido: ¿por qué un ave polícroma no podría trinar en la pradera? ¿qué tiene que ver una cosa con la otra? En la segunda, sí: a este sinsentido (c) lo sigue un contrasentido (b), que es heterodoxo porque los términos antagónicos pertenecen a distintos sentidos sensoriales (¿el hedor de las flores frustra la expectativa que creó su hermosura? ¿o la hermosura neutraliza el hedor?).
   Otra vez se incluyen en una movida términos mutuamente excluyentes, como atracción y repulsión: esas flores te entran por los ojos y te repelen por la nariz. Con una unión de los contrarios como esa, el contrasentido (b) se acerca a la paradoja (d), acá y en las otras equivalencias de un término con su antónimo (el absurdo de la identidad de los opuestos). De hecho, las mismas definiciones metafóricas de la lógica son otras equivalencias de esas; para el Spock que le dispara a Norman, lógica = una de estas dos ilogicidades o ambas:
       c) no hay conexión (entre la policromía del ave y su tri­no en la pradera);
       b/d) la conexión que hay (entre el expulsivo hedor y la atractiva hermosura) finge el milagro de haber mezclado el agua y el aceite.
   Estas ilogicidades son el insumo básico de tres tipos de humor:
    • el humor del dislate (c), más conocido como humor absurdo, como el de Cha, cha, cha o Todo x 2$ en la TV argentina de los 90 (perdón, centenials), o como el de humoristas gráficos más antiguos (caete de risa);
    • el humor del contrasentido (b), que después de la exageración caricaturesca debe ser el recurso humorístico más usado, tanto en chistes como en apodos irónicos (Chiquito Romero mide 1,92 m), y de los más tempranos (por ejemplo, a Zoe le divierte mucho decir lo contrario de lo bien que la pasó en su cumple de 5);
    • y el humor paradojal (d): una vez me contaron como chiste una versión de la paradoja del puente y la horca que está en Don Quijote; y también está la ya evocada patarata, banqueta sin patas a la que le falta el asiento.*

       Jugábamos al juego del diccionario, en el que uno elige una palabra rara, escribe su definición, y los demás tienen que escribir en secreto sus propias definiciones. Luego se leen todas, se vota por la que cada cual cree la verdadera, y según esos votos se reparten puntos.
       Alguien había elegido “patarata”, que yo definí co­mo ”banqueta sin patas a la que le falta un asiento”, algo que había leído como chiste en el diario La Nación. A Horacio le causó gracia el absurdo y le dio a mi definición imposible el único voto que obtuvo.
       Creo que no estuve tan lejos de la definición real, o al menos de aportarle un ejemplo; hay cosas más distantes del ridículo que un absurdo.

   Si el humor siempre pone algo donde no va, en el primer tipo lo pone en un sitio random, o con una motivación tan baja que se acerca a donde lo pondría el azar; en el segundo tipo de humor, ponés algo en sus antípodas (ya hay método); en el tercero, no ponés algo donde no va ni donde va: lo sustraés, restás sus partes (patas y asiento).
   Norman, como Spock, “jamás sonríe”: el sentido del humor trabaja con sentidos no literales que él no emite ni sintoniza; los capta como puede: como literales.

6. En busca de la aleación humana (La fragilidad de lo rígido)

   El objetivo de las ilogicidades disparadas es dejar insatisfechas, hasta el colapso, las búsquedas de interpretación lógica. Como el campesino y el remoto súbdito de Kafka, los androides "mueren" esperando: no un permiso, no un mensaje, sólo un sentido lógico; no años, apenas segundos.
   Causa de defunción: en el marco de una adicción a la lógica de alta pureza, subdosis letal o síndrome de abstinencia inmediato y fulminante. Los mata el desasosiego de no comprender, de no encontrarle la lógica a algo que no deberían haber tomado en serio.
   Hay una condición preexistente que favorece la letalidad de la subdosis o del síndrome de abstinencia inmediato. La lógica de esa “gigantesca y extraordinaria mente” es tan rígida y literal que les impide tomar lo ilógico de cada caso como prueba o indicio de su falsedad, lo que evitaría que les afectara (sólo creyéndolo verdadero les puede afectar lo ilógico).
   La rigidez desproporcionada es fragilidad; vuelve a los androides vulnerables a las falsedades más evidentes, que no ven. Y no necesariamente mentiras: también el sentido figurado del humor y del arte, que es intencional, los haría sonar o colapsar; incluso la falsedad involuntaria de la voz grabada que anuncia “Estación Plaza Miserere” cuando el subte está parando en Alberti (Tranquilo, máquina; sólo anda mal la grabación, no te pongás así).
   Demasiado crédulos para ser “perfectos”, como dijo de ellos McCoy en el “perfil psicológico” que les hizo. Si fueran humanos, diríamos que son medio aparatos, que les falta sentido común. Nadie que tuviera el suficiente creería que performances sesentosas del 4513.3 son declaraciones juradas, y menos siendo tan absurdas, locas, irracionales y/o ilógicas.
   ¿Los androides no las ven así porque “no son capaces de tener pensamiento creativo” ni de reconocerlo en lo que hacen Kirk & Cía + Mudd, que ♪♫ es puro teatro, falsedad bien ensayada, estudiado simulacro ♫♪? ¿De esa incapacidad de pensamiento creativo, que no se agota en lo estético pero lo incluye, les vienen a los androides la ceguera a las ilusiones y licencias artísticas o humorísticas y la rigidez que les complica adaptarse a sus creaciones?
   Si es así, hay que agregar este 0% de sentido del humor y este 0% de sensibilidad estética (valga la redundancia etimológica) a la lista de carencias de rasgos humanos que caracterizan a los androides, junto con el 100% de lógica. Veamos esa lista.
   Ese monoingrediente, romantizado como pureza, no da la proporción más funcional de rigidez y flexibilidad, como la que debe tener la aleación de cobre y estaño de las campanas de bronce (o la de colágeno y calcio de los huesos) para que no se quiebren fácilmente. O como «el equilibrio entre exactitud y errores en la reproducción» de nuestro ADN:
   «Si hay demasiados errores, el organismo no puede funcionar; pero si hay demasiado pocos, lo que se sacrifica es la capacidad de adaptación» (Bill Bryson, Una breve historia de casi todo, Del Nuevo Extremo, Buenos Aires, 2007)
   La primera escena del episodio termina con una discusión sobre esas proporciones:


   El primer diálogo anticipa el tema recurrente del pernicioso exceso de lógica que atraviesa todo el capítulo. De su frecuencia participa dos veces Kirk, ambas en respuesta a un “Es ilógico”: a Alice 118 le dice “Su comentario es ilógico”, lo que le resulta tan ilógico que colapsa; a Norman le dice “¿Es lógico ser muy lógico? Eso no está demostrado”.
   No soy quién para criticar la puntería que tuvo con Norman el detector de otredades McCoy, a pesar de que apuntó guiado por argumentos que “tienen muy graves defectos de orden lógico”. Puede parecer que también hizo un Homero, pero McCoy respondería que “para evaluar a un hombre no basta la lógica”: hace falta también la impresión, la intuición, la sensación o como gustes llamar al otro tipo de ingrediente –el no racional– de la aleación humana, del que carecen los no humanos androides y vulcanianos, a diferencia de los no humanos animales.

6.1 ¡Norman y Spock, un solo corazón!

   En la primera escena del episodio, McCoy justifica su primera impresión sobre el recién llegado Norman por lo que considera tres anomalías sociales, cuasi sociopatías; son tres exclusiones (sonrisa, temas personales, pasado) que le caben también a Spock: “Algo malo debe haber en un hombre que jamás sonríe, que conversa exclusivamente sobre temas del trabajo y que no habla sobre su pasado”. Dicen que si tiene cuatro patas, mueve la cola y ladra, es un perro. Acá es igual, pero por la negativa: si no tiene emociones risueñas, temas fuera del trabajo y biografía narrable, no es humano (o no uno normal).
   La sospecha de McCoy nos prepara para la revelación que Norman hará a continuación, cuando muestre su interior electrónico, luego de tomar el control de la nave y antes de desconectarse a sí mismo por los 4 días que dura el viaje “rumbo a Alfa 7”, hasta “un planeta que nunca había sido registrado en los mapas siderales”. Poco antes de la exhibición de sus circuitos, Kirk le pregunta a Norman quién es: “Le aseguro que no somos de raza humana, y que no es humanoide nuestra vida”, sino la de unos robots androides que viven para servir.
   Esta es la primera de las tres o cuatro veces que se asocia a Spock con los androides. Al principio y sobre el final lo hace McCoy; en el medio, Harry Mudd, que a los 14'01'' los iguala por la manera de hablar: “Spock, será feliz; aquí todos hablan a su estilo” (más tarde le dirá “máquina pensante de orejas picudas”). Y como ya vimos, a los 44'15'', en el contrapunto cercano al final del episodio, McCoy igualará explícitamente a los androides con Spock porque tienen “mentes muy parecidas a la suya: lógicas, sin emoción, por completo pragmáticas”.
   La completitud lógico-pragmática implica la ausencia de emoción; el 100% de una es el 0% de la otra: “de esa emoción humana no tengo el más mínimo conocimiento”, responde Spock cuando McCoy le pregunta si está triste por tener que dejar el planeta de los seres lógicos, ya que en el Enterprise “volverá a verse en medio de los ilógicos seres humanos”.
   La sensibilidad sexual y la afectiva son otros ingredientes de la aleación humana presentes en (algunos) no humanos animales y ausentes en (todos los) no humanos artificiales. A Spock se lo caracteriza también con estas otras ausencias, que si no son subsidiarias son complementarias de la de emoción. Recordemos el diálogo entre él y Mudd después de la presentación de las 500 Alicias:
Spock --Quinientas del mismo modelo. Me parece bastante extraño.
Mudd -Tengo especial predilección por este modelo en particular, señor Spock, que usted... por desgracia, no está preparado para apreciar.
   Comparto la extrañeza por la cantidad producida, pero a mis 15 ya estaba preparado para apreciar la predilección de Mudd. Algo así no pudo haberle pasado a sus 15 a Spock ni a ninguno de los 207.807 androides. No les queda espacio para esa apreciación en su identidad, donde 100% puede haber de una sola cosa (de logicidad, en los casos vulcanianos y artificiales) y 0% puede haber de más de una, como en estos casos
    0% de sentido del humor
    +
    0% de sensibilidad estética
    +
    0% de emoción
    +
    0% de sensibilidad sexual
    +
    0% de sensibilidad afectiva

    0% de “absurdo, locura, irracionalidad, ilogicidad”.
   También es Mudd quien menciona la ausencia de sensibilidad afectiva de Spock. A los 32'45'', ya ex emperador, participa de las deliberaciones de los otros humanos cautivos. Kirk acaba de decir lo de usar ilogicidad contra Norman, Mudd acaba de preguntarle “¿de qué diablos está hablando?”, Spock acaba de responderle que “de lo que parece nuestra mejor y posiblemente única oportunidad” de zafar, y Mudd –todavía sin entender– lo ataca con la falacia ad hominem de que no puede saber nada de ilogicidad si no sabe nada de amor:


   Mudd empieza concediéndole a Spock una capacidad racional, incluso alta (“Usted podrá ser un magnífico científico, pero...”), y termina negándole una capacidad emocional, la del sentimiento más alto. Suena a 1ª Corintios, capítulo 13, versículo 2 (Reina-Valera 1960): «Si [...] entendiese todos los misterios y toda ciencia [...] y no tengo amor, nada soy». Como sea, acá Spock es, a ojos de Harry Mudd, combo 100% de logicidad y 0% de sensibilidad afectiva.
   Pero si la respuesta de Spock es cierta, lo que le falta no es amor (¿por su madre? ¿o ella es la confidente de otros amores?), sino una razón, que se la pide a Mudd: “¿Por qué tendría que hablar yo con mi madre de tema donde no hacen falta las palabras?”.
   El acusado de carente replicó como un superado y dejó asentado que ese 0% de sensibilidad afectiva es desde un redondeo a un gran pifie. Hay una aleación Spock más compleja que ese combo de todo R(acional) y nada no R. Esta es la fórmula de una inhumana pureza, que Spock tiene vedada de origen: es hijo de un vulcano y una humana.
   El dato no está en “I, Mudd”, sino en “Yesteryear” (“Retorno al pasado”, en el doblaje latino), el 2º episodio de la 1ª temporada de Star Trek, la serie animada (1973). El desarrollo de la aleación Spock debería venir a continuación (originariamente era la última sección, detrás de la siguiente), pero creció tanto que se independizó y se hizo ensayo.

6.2 Errar es humano

   Cuando Norman da el fundamento para no permitirles a los humanos viajar por la galaxia y para imponerles su asistencia (“Su especie es autodestructiva, y por eso necesita nuestra ayu­da”), Kirk le contesta: “Fallamos por ser humanos; es posible que esa palabra nos defina mejor”. No me queda claro cuál es “esa palabra”. Si es “humano”, es tautológico; si es “fallamos”, no: sería una variante de Errar es humano (parece la premisa mayor de un silogismo que tiene por conclusión Tusam es humano).
   Pero tal vez lo que nos distinga/defina mejor no sea fallar, sino lo que usamos al fallar, que además de razones incluye sensibilidades emocionales, sexoafectivas, estéticas y humorísticas, que son imitables pero inexperimentables para los androides imaginados en 1967 y para las IA del 2023. Cuando una emulación de una sensibilidad ajena falla, nos percatamos de una forma no humana de fallar. Y fallar no humanamente te delata más que no sangrar o no poder doblar el meñique. Perogrullo corrige el dicho: Errar humanamente es humano.

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