1.
Supongamos que tengo un aparato con seis botones. Los botones 1, 2, 5 y 6 no vienen al caso. El botón 3 dice que el oprimirlo destruirá el aparato; el botón 4 dice que revocará la acción del botón 3.
Si se trata específicamente de la acción de destruir el aparato, el botón 4 asumió una misión que luce imposible. Si no importa de qué acción se trate, tal vez la que eligió el botón 3 fue la mejor que encontró en respuesta al bloqueo impuesto por el botón 4. Y no la mejor para escapar muriendo, sino para morir venciendo. ¿Cómo?
Veámoslo como un duelo. B4, el retador, dice que revocará cualquier acción de B3. Si B3 apaga el aparato, B4 lo prenderá; si eleva el volumen, B4 lo bajará; si abre una tapa, B4 la cerrará; etc. Cansado de sufrir tantas reversiones, B3 elige una acción que tiene altas chances, si no necesidad lógica, de resultarle irreversible a B4.
Nadie impugnaría por imposibles o absurdas las otras "revocaciones",* como las que desapagaron el aparato, deselevaron el volumen o desabrieron una tapa. Pero revocar la destrucción del aparato y sus botones, incluyendo al revocador, ya es otra cosa.
* ¿Por qué las comillas? En sentido estricto, prender el aparato, bajar su volumen o cerrarle una tapa son acciones contrarias a apagarlo, subirle el volumen o abrirle una tapa, no sus respectivas revocaciones. Pero podemos llamarlas así en sentido figurado (o si se aplican a eventos simbólicos, no físicos). La sucesión de tres estados (encendido, apagado, encendido, por ejemplo) crea la ilusión de reversión, como la sucesión rápida de fotogramas crea la ilusión de movimiento.B4 no pudo haber sido mejor desafiado. Por un lado, imagino a B3, de contrataque, rematando la comunicación de la acción elegida con un “¡Revocame esta!”.
2.
Por otro lado, me hace acordar a Homero retando a Lisa por su máquina de movimiento perpetuo:
La segunda ley de la termodinámica, que hace físicamente imposible una máquina de movimiento perpetuo, tiene que ver también con la irreversibilidad de los eventos físicos, como la destrucción de un aparato.
Dentro de nuestras leyes físicas, no importa cuánto tiempo puedas esperar la creación de un móvil perpetuo: nunca sucederá; es un objeto imposible. En cambio, por nuestras leyes estadísticas, si esperás lo suficiente alguna vez sucederá la restauración "espontánea" de un artefacto destruido o de una copa de vino que se hizo añicos contra el suelo, como explica Richard Morris en esta cita (epígrafe de la sección 3 de “Azar y sentido (Collage II)”):
Si dejo caer una copa de vino al suelo y observo cómo se hace añicos, estoy contemplando un caso de aumento de entropía. La rotura de la copa es uno de los procesos irreversibles que rige la flecha del tiempo de la termodinámica. Señalo, de paso, que éste es un caso en el que la definición de la entropía que se basa en la noción de desorden resulta más útil que la que lo hace en la noción de desequilibrio. Al romperse la copa, un estado de desorden sustituye al de orden.
De existir una fluctuación estadística de suficiente magnitud, cabe imaginar que se recomponen los trozos de cristal, y que la copa vuelve a mi mano. No hay motivo fundamental alguno para que esto no ocurra, si se espera el tiempo necesario. Las fluctuaciones estadísticas pueden hacer que las moléculas de aire contenidas en la habitación se muevan exactamente de la forma adecuada para que los trozos de cristal se junten de nuevo. A su vez, otras fluctuaciones pueden crear unos breves aumentos de temperatura en los cantos rotos, de tal forma que se suelden, reconstituyéndose así la copa. Y una última fluctuación habrá creado tal corriente de aire debajo de ésta, ya entera, que la ha empujado hacia arriba.
Según las leyes de estadística, esta secuencia de acontecimientos es posible, aunque realmente poco probable. Sería muy difícil calcular exactamente su índice de probabilidad, que debe ser del orden de una de 101025. [...] Es un número tan grande que si se escribiera entero, llenaría más páginas que las de todos los libros jamás publicados. Y aunque los diferentes países del mundo siguieran publicando a su ritmo actual durante 10.000 millones de años, aún faltarían libros para contener todos los dígitos de que se compone. Es como si las leyes de la estadística nos dijeran: «Los milagros sí son posibles, pero la probabilidad de que ocurran es tan remota que equivale prácticamente a cero».
Richard Morris, Las flechas del tiempo, Salvat, Barcelona, 1987. Páginas 122 y 123.
En síntesis: la reversión de la destrucción del aparato es improbabilísima, pero no imposible (o es posible, pero improbabilísima: depende qué expectativas te frustre el «pero», que para eso existe). Pero el botón 4 no dice que la acción del botón 3 será revocada, sino que él la revocará. Y esto es todavía más difícil. ¿Por qué?
Toma 1
Apretado el botón 3, el 4 sólo podría disponer de su poder revocatorio una vez revocada su propia destrucción, ya sea por obra y gracia de una magia, de una ♪♫ intervención divina ♫♪, o de una improbabilísima conjunción de oportunísimas «fluctuaciones estadísticas».
Como sea, para el botón 4 ya sería tarde, aun si cualquiera de estas cosas ocurriera de inmediato.
Toma 2
Si luego de apretar el botón 3 el aparato se hizo añicos, aún no se puede apretar el botón 4; para volver a tenerlo disponible, hay que esperar el milagro probabilístico de que el aparato se restaure solo o el milagro de una revocación providencial.
Como sea, el botón 4 recién puede cumplir su misión cuando ya no es necesaria. Cuando pueda hacerla, la tarea ya habrá sido hecha sin sus servicios.
Para que el botón 4 pueda evitar este sinsentido, debe ser opacamente prodigioso. De algún modo que no podemos definir, revoca la destrucción del aparato y la suya en el mismo acto (no en dos momentos: uno externo y habilitante, el otro interno y tardío, como pudieron dar a entender las dos tomas). Después de todo, los botones son parte del aparato; si se destruyen juntos, se restauran juntos (botones sin su aparato y aparato sin sus botones son las dos caras de un mismo absurdo).
Así que sí: si el aparato recuperó su integridad, pudo haber sido gracias a una acción hecha desde afuera, por una divinidad o por una improbabilidad exorbitante, o desde adentro, por el botón 4. ¿Cómo pudo haberlo hecho el botón 4 desde el más allá de la física? Ni idea, él sabrá, y quien quiera creer, que crea.
No faltarán los creyentes que razonen que, si cada botón debe ser presionado para que accione, al botón 4 que estaba «dormido en el discurso de sus destrucciones» no pudo haberlo presionado un dedo humano, material, sino sólo uno divino, o el de cualquier habitante de ese más allá que se haya topado con el alma del aparato.
3.
Volvamos al duelo. Con la misma esperanza de terminar con la revocación diaria de todos sus actos y hechos, Phil intenta salir del Día de la Marmota suicidándose, pero sin el éxito que B3 espera tener con su inmolación.
El despertar lo convence de que su destrucción es tan revocable como la de un lápiz o un radiodespertador. Lo que a cualquier mortal lo sacaría de la vida, a él lo saca del día, que reinicia.
— el Zambullista (@Zambullista) August 12, 2021
Los otros 3 suicidios no tienen la esperanza del 1º; son iguales a dormirse temprano. pic.twitter.com/fZF4kHkUlh
Si B4 no llega a arreglárselas para revertir la destrucción que lo incluye, B3 le habrá ganado el duelo: habrá conseguido que no le pueda revocar todas las acciones.
Quienes se llevan una victoria pírrica son sobrevivientes muy perjudicados por la guerra recién terminada; no es el caso del botón 3, que se consagraría ganador post mortem, desde que se dejase de esperar la reversión prometida por el botón 4. Recién con su destrucción compartida B3 ganaría un grado de libertad no amenazada. Lo suyo sería despedida y debut.
Algunos se dejan caer de espaldas confiando en que los van a agarrar a tiempo para devolverles el equilibrio sacrificado. Si, en vez de un duelo, lo de B3 y B4 fuese uno de estos ejercicios, B3 estaría dispuesto a matarse confiando en que B4 lo resucitaría. Superame esa confianza (en algunas sectas la han igualado). Su traición es proporcionalmente insuperable: cuando se deja de esperar la reversión prometida, para B3 se consuma la mayor defraudación posible (o la de daño más “permanente”), además de la victoria más pírrica (la de un no sobreviviente).
4.
Apretando primero el botón 4 no pasa nada, porque no tiene sentido: no puede haber revocación de la destrucción si no hubo destrucción; no hay nada que revocar. Si fuera el botón Deshacer de un programa (como el Kate), estaría en gris e inactivo: imposible deshacer sin haber hecho un cambio que se pueda deshacer (y luego rehacer, que es deshacer el deshacer).
Obviando lo cromático, una indicación de inactividad equivalente para el botón 4 sería que estuviera trabado mientras no tenga sentido apretarlo y destrabado cuando sí, luego de su destrucción (?).
Si en verdad el botón 4 tiene ese poder, esta puede ser la n-ésima vez que se van a apretar los botones 3 y 4. Algunos creyentes del poder del botón 4 suelen invertir el razonamiento: la prueba de que tiene ese poder es que el aparato está ahí, recién revertido de una conflagración. (En el relato “El informe de Brodie”, de Borges, como prueba del poder de convertir hombres en hormigas que tenían sus hechiceros, un yahoo le señaló un hormiguero al misionero escosés David Brodie.)
Si el 4 no tiene ese poder pero el 3 sí tiene el suyo, los dos botones necesariamente están esperando su debut. Si tampoco tiene el botón 3 un poder de destrucción, mientras no se sepa, su farsa encubre o acompaña la del botón 4, que nunca se verá en la necesidad de probar que puede lo que no puede. Y si el botón 3 tiene ese poder (nada muy difícil de hacer: basta con poner en el aparato un explosivo con un detonador), el botón 4 tendrá la ocasión (la obligación) de hacer una demostración de su poder. Pasó el ave fénix y dijo que era demasiado.
5.
A cualquiera le aceptarían su defunción como justificativo por haber incumplido un compromiso o un deber; al botón 4, no. Mal puede excusarse en haber sufrido una destrucción que ya estaba contemplada en la misión misma, justamente en calidad de objeto de la revocación prometida. ¿Cumplirá su promesa?
El sentido común dice que el botón 4 no estará ahí cuando se lo necesite. Pero esto a un tipo de fe, un tetrabotonista fiel, no lo convence ni disuade y resuelve confiar en que el botón 4 sabrá arreglárselas, que por qué iba a haber hablado, si no. No obstante, tal vez prefiere no poner innecesariamente a prueba su fe ni arriesgarse económicamente apretando el botón 3 del valiosísimo aparato (rompe paga). Pero un fanático del tetrabotonismo podría pasar de la subestimación pasiva del poder del botón 3 a desear apretarlo, para probarles de una vez por todas a los incrédulos que el botón 4 no promete en falso.
Ahí está el aparato, entero: o todavía no actuó el fanático o ya actuó al menos una vez, y quizás muchas. El botón 4 puede no haber debutado, puede haber sólo debutado, puede ser ya un experto o puede estar en vías de serlo. O su acción puede no ser posible.
6.
Ahora sí viene al caso el botón 2, que dice que prevendrá la acción del 3 (el mismo dibujo de un Anulo mufa). Los botones 1, 5 y 6 siguen sin venir al caso.
En un mundo de eventos físicos irreversibles, es más realista querer prevenir la destrucción del aparato (llegar antes) que desear revocarla (llegar después). La acción del botón 2 va en el mismo sentido que la flecha del tiempo; la del botón 4, en sentido opuesto. Lo suyo es como revertir la corriente del río del tiempo, como pasa al inicio de Memento. Pasó un salmón y dijo que era demasiado.
Con el trío que vino al caso, lo que tenemos ahora es un juego epidemiológico con roles paralelos –otra vez– a los del Mafia: el botón 3 es la enfermedad (el ladrón que quiere matar a A. Parato), el botón 2 es la vacuna (el policía que quiere evitarlo) y el botón 4 es un antídoto o remedio (el médico que puede salvarlo).
Acá el médico tiene un rol restaurador; la otra vez tuvo un rol preventivo:
X te vende un detector de una enfermedad que inventa y un amuleto que te protege de contraerla.
— el Zambullista (@Zambullista) November 2, 2020
Si no supiéramos eso, para el silencio del detector serían indistinguibles la razón de un amuleto infalible y la razón de un detector, un protector y un dañador falsos.Son los cuatro roles básicos del Mafia (sacando a Dios, que sólo dirige y relata): el ladrón (la enfermedad) que intentará matar a alguien (a vos); el policía que intentará evitarlo descubriendo al ladrón (el detector); y el médico que intentará evitarlo salvándote (el amuleto).
— el Zambullista (@Zambullista) November 2, 2020Comienzo de “Detectores”
El orden de los botones altera el producto. Si se presiona primero el botón 4, no pasa nada. Si se presiona primero el botón 2, no habrá posibilidad de destrucción del aparato ni, por lo tanto, necesidad de restaurarlo; si se presiona primero el botón 3, sí. Elige tu propia apertura.


























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