A casuales 6.600 días de empezar este sitio, que me perdone el profe, pero...
Constato la coexistencia de Zambullidas con aquel cartel mediante una foto sacada –por mí o por otro– cada 6 años desde el 2008, el año cero del proyecto (la constatación del 2020 se demoró 1 año por la pandemia). Admito mi favoritismo por el número, pero la longitud del ciclo fue casual: se dio que la segunda visita al Pucará la hice a 6 años de la primera.
Las fotos se van acumulando en el bloque oculto que se muestra haciendo click en el asterisco de APILADOS EN ZONA*, en la Portada del sitio (si es que lo ves en un navegador de PC o si activás “Ver versión web” en un celular). Las despliego acá abajo (posando el cursor sobre ellas emergen los créditos):
2008 2014 2021 2026
El porqué de la metáfora lo explicito escuetamente en la sección 3 del “Prólogo” y con mayor expansión en “Las bitácoras”, introducción del satélite semiabandonado Bitácora de Zambullidas que está en su barra lateral:
Cada año tiene su ensayo aniversario y cada sexenio su foto nueva, así que en 2026 hay doble festejo. En el primero tuvimos a Rosalía de invitada. En el segundo tenemos, en imágenes de altura creciente,«Hacer la bitácora de Zambullidas es hacer la bitácora de cada ensayo que además de una fecha de estreno (publicación) tenga otra u otras de cambio (edición), como es el caso de la gran mayoría. En conjunto, es mostrar la inestabilidad que hace de ese espacio una “zona de derrumbes”, si vemos la película, y una cartelera de últimas versiones, si vemos la foto.»
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el zoom-out de una piedra pintada y escrita,
- o el POV del lento alejamiento de quien la mira, retrocediendo de espaldas, en el stop motion de una partida,
- o una caída que resignifica esa mano, que pasa de alertar a decir chau o a pedir ayuda.
Las existencias paralelas pueden desparalelizarse de muchas maneras. Una es la defunción del cartel, por pérdida de la piedra o por renovación de la señalética, por ejemplo. Otra es mi defunción lisa y llana. Otra, la de mi escritura, después de la de mi salud mental (hoy por hoy, no le imagino otra causa).
Si el cartel rocoso me sobrevive ubicado ahí, habrá un primer sexenio sin foto, a la vez o después que un primer cumpleaños sin ensayo aniversario. A no sé cuánto de ese momento, me pregunto qué tan lejos se verá la piedra en la última foto. ¿Se distinguirá todavía la mano negra?
Si la creciente apertura del campo visual empequeñece proporcionalmente a la piedra, con una buena longevidad de nuestra parte sólo los entendidos entenderían que esa última foto, vista sin las otras, no es la de un paisaje con cerros y cielo, sino la de un cartel invisible.


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